Ya no hay religiones… sólo tofú: en tres episodios

I.

El viernes en la noche decidimos llevar a uno de mis amigos a cenar sushi. Era una noche especial… el cumpleaños de un 50/50, mitad Libra-mitad Escorpio, y había que celebrarlo. Llegamos al restaurante y, antes de tener un pie adentro, una dama japonesa nos había dado la bienvenida. Nos sentamos. Una rubia nos trajo el menú. De entrada: un miso soup, dijo una de mis compas. Confesando mi precario conocimiento sobre comida japonesa, le pregunté cuáles eran los ingredientes de la sopa. Ella respondió: “No sé. Pero tiene tofú” (de fondo, la Quinta sinfonía de Beethoven: kakakakánnnnnn, kakakakánnnnnn). Comencé a sudar frío.

II.

Esa noche la temperatura era agradable. Ya no hacía calor. Una brisa fría y húmeda soplaba tímidamente. Entré al restaurante donde habíamos concertado la cita. Ellos me esperaban. Una amable japonesa me llevó hasta la mesa donde se encontraban. La conversación era banal. Bromeábamos acerca de la poca presencia varonil en el grupo y de la energía sexual que da el sushi de anguila. La rubia nos trajo el aperitivo. Era sopa. La superficie estaba cubierta de pequeños cuadritos de tofú. De súbito, grité: “¡El tofú lo es todo!”, “¡Es casi como el Aleph!”. Frase que suscitó miradas de extrañeza y preocupación entre mis amigos, que creían que deliraba con Borges o con el tofú. Tras tomar un breve sorbo de Saporo, expliqué que el tofú es como el Aleph en la medida en que se puede comer de todas las formas posibles. Es el todo y es la nada, es carne y es queso, se guisa o se fríe, se hierve o se empana. En fin, es tan maleable, misterioso, variado y relativo como el universo mismo. El tofú es el ejemplo perfecto de un all in one. Hubo un silencio sepulcral. (A lo lejos, la rubia con una garrafa de agua con hielo).

III.

Fue una noche larga. Comimos y comimos rindiéndole honor a nuestra marrana naturaleza: sushi con camarones, con salmón, con anguila, con vegetales, con mangó, con papaya y mucho wasabi. Todo un bacanal oriental. Oí mi nombre. Alguien lo murmuraba. Al voltear a ver, mi amiga, la austríaca, se acercó y me dijo al oído: “Ya no hay religiones… sólo tofú”. Sonreí. Tomó su cartera y, sin despedirse, se fue. (Al fondo, el estruendoso sonido de un gong). Todo era gris.

5 pensamientos sobre “Ya no hay religiones… sólo tofú: en tres episodios”

  1. Bueno…lo dejo a discreción del lector…hay un poco de los dos signos en la personalidad de mi amigo es por eso que digo que es miti-miti…pero digamso que es una loquera literaria…
    E

  2. Jesús, yo nací un 22 de septiembre, pero estoy en Virgo. Antes me veía a veces bajo Libra, y pensaba que eso cambiaba, así que era ambos, pero alguien me dijo que no era que cambiara, era que esos otros horóscopos estaban mal.

  3. Emilú, me quiero disculpar por que tu inteligente escrito sólo motivara una pregunta tan tonta de mi parte. Olvidé decirte que me gustó y que alguien me dijo tofú.

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