VIII. Whose mom is that?

Hoy no hay tanta luz. El cielo no está insoportablemente azul. La monotonía del paisaje se ha roto. Todo es distinto, excepto el calor que no cede, y se pega más que de costumbre. Hacía tiempo que no veía esta luz tan triste y mustia. Tan leal. La piscina pierde el brillo, ya no se pueden ver las culebrillas blancas que se dibujan en la piel del agua. Me gusta así. Sólo estamos yo, y mi libro del jorobado duque de Bomarzo.

Veo que viene una mujer con una niñita. La pequeña me mira, luego mira a su madre y le pregunta: “¿De quién es mamá ella?” Me tardo un poco en comprender, el inglés de los niños es el más difícil. La madre me mira y sonríe. La niña insiste, y su madre me repite la pregunta para que su niña quede satisfecha. Miro a la niñita y le digo que no, que lo siento, que todavía no soy la madre de nadie.

Mis acercamientos con los niños son siempre accidentados, y, de alguna manera, locos. Loquísimos. Me vuelan la cabeza con sus preguntas, me devuelven inmediatamente a la niña que fui, y que no he dejado de ser. No del todo. Veo a ésta, con su cabecita llena de rizos amarillos, mirando a su mamá, pensando que todas las mujeres que no son niñas son, o deben ser, mamás. Dos pies de alto cuestionando y recordándome mi adultez, poniendo en evidencia lo lejos que estoy de ser una niñita como ella.

Hace algún tiempo que vengo soñando con una niña. Creo que la espero, como un presagio, como una ruta definitiva. Entonces creo que me engaño. La niña que veo en mis sueños soy yo, hace 22 años, como la de esa foto que guardo en mi wallet. Y me aturde esta niña que me sabe a futuro pero que se me confunde con el pasado. No sé si avanzo, si retrocedo, o si se trata sólo de un reencuentro. No busco mi prolongación, no preciso de una nueva criatura que me afirme en esta tierra. Sólo pido un poco de tiempo para reconocerme desde la distancia, desde el tiempo que no vuelve. Sólo quiero verme, así, pequeña, mínima, en una mínima silla, con una mínima camisa roja. Mirando al lente feliz.

La joven madre se ha quitado la camisa. ¿Dije que era hermosa? Es hermosísima y muy joven. Lleva un bikini negro y puedo verle un tatuaje asomado desde allí, desde ese lugar que no es pero que podría ser. Está tratando de enseñarle a nadar a su hija, pero la niña está más entretenida jugando con las burbujas que salen del filtro de la piscina. La madre le habla de Buda y señala el cielo. Confuso. Creo entender que no se trata sólo de una lección de nado, sino de un adoctrinamiento formal. ¿Le hablaré yo de Dios a mi hija? Hace mucho tiempo que no hablo de Dios.

El cielo ya no aguanta el peso de las nubes. Ahora se suma el ruido del trueno y el canto de los cuervos que han llegado a esconderse entre los árboles que rodean la piscina. La niña se asusta y le pregunta a la madre por ese sonido. ¿Le dirá que Buda está enojado? La mujer se viste rápidamente, con cierto miedo. Aquí todo el mundo le teme a la lluvia y al trueno. Comienza a llover, quedamente. Creo que me muero, creo que por unos segundos soy inconmensurablemente feliz.

Cierro los ojos. Quiero soñar con una niña.

Un pensamiento sobre “VIII. Whose mom is that?”

  1. !Hermoso relato Margarita!No es la primera vez que lo leo. Queria confirmarme que era tan hermoso e inteligente como la primera vez que lo lei.
    Despues de una publicacion sobre un simposio que se llevo a cabo en la Iglesia, vamos a publicar una Revista de literatura teologia y sociedad. Quisieramos contar con este y otros relatos que nos sugieras para el primer numero. La revista saldra para el ano proximo. Un abraso. Otho Rosa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *