Vuyiseka y los números

En Sudáfrica reaprendí el método científico. Porque el método científico es sobre la relación entre la experiencia y el conocimiento, ¿o no?

Lo aprendí escribiendo un informe. Trescientos cuestionarios contestados a mano, enviados desde varias provincias; escritos en inglés, respondidos en inglés y xhosa y zulu. Enteros o a mitad, o saltando preguntas. Algunas provincias devolvieron ocho o nueve cuestionarios, otras ciento setenta y cinco. Y con eso había que producir el informe, central para el desarrollo de un importante programa de apoyo para personas VIH positivo. “This is what people gave us, this is what we’re going to work with,” dijo Vuyiseka.

El cuestionario estaba dirigido a la población VIH positivo servida por la organización; la información provista habría de dar base sólida a los proyectos a desarrollarse. Lo entregamos musitando ciencia y nos lo devolvieron con el timbre diáfano del lenguaje de todos los días. Con la exactitud metodológica de sus quejas y ambigüedades, sus rodeos y sutilezas, y sus honestas inconsistencias. Entonces, ésta fue la matemática: una mayor parte contaban con 39 años de edad o menos y la gran mayoría son mujeres. De un 35 a un 59 porciento – variando por distrito – vivía en hogares donde nadie estaba empleado y compartían la misma casa con un promedio de otras cuatro personas (en algunos casos, hasta catorce personas en una misma casa). Casa: shacks de cartón y madera variando en tamaño de cerca de diez a doce metros cuadrados, algunos más cómodos de dos o tres cuartos – todos, no obstante con servicio de agua y baño comunal – o casas RDP de cemento provistas por el gobierno. Uno o dos participantes con otro tipo de casa. Muchos señalaban que el tipo de apoyo que más necesitaban para mantenerse ‘adherentes’ a su tratamiento antirretroviral es comida y casa.

Con todo rigor, mi ciencia occidental no encontraba cómo arroparse a los datos. Como si estuviera hecha para otro molde, o como si caducara. Expiraba entre las resmas de papeles que no me explicaban cómo anteponer lo justo a lo preciso. ¿Cómo se hace ciencia cuando la información disponible no es exacta, pero necesaria? ¿O cuando la exigencia de metodología impecable parece más excusa para no actuar, que requisito indispensable para el conocimiento? ¿Cuando la urgencia de investigación no es de papel, sino de carne y hueso? …¿Cuando es esa misma carne y hueso que necesita los resultados con urgencia, la misma que hace ciencia?

Fue Vuyiseka la que dijo: redondea los números; ellos hablan, pero hablan de lo que nosotros ya sabemos. De lo que se conoce de vivir en los townships, en los shacks, de trabajar y vivir todos los días. Nada de esto es nuevo, ni hay revelación. Estos datos son confirmación, que no descubrimiento, y eso es lo que necesitamos. Así se acabó de desvestir mi pobre desnudez científica. Para metodólogos confundidos: aquí es la experiencia vivida la que autoriza a la ciencia, que no de la otra forma. Que si la ciencia en ciertas latitudes vale por sí, aquí se compra si se deja manosear para sacarle supervivencia – o justicia, cuando mejor.

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