Ventanas altas

Cuando veo a un chico y una chica
y sé que él se la folla y que ella
toma la píldora o usa diafragma,
sé que esto es el Paraíso

que todos los viejos soñaron vivir.
Responsabilidad y gesto dejados de lado
como una máquina de labranza vieja,
y todos, jóvenes, resbalando por el largo tobogán

a la felicidad, sin fin; me pregunto si
alguien me miraría hace cuarenta años
pensando: «Eso será la vida;
no más Dios ni sudar en la oscuridad

temiendo el infierno y así, o tener
que callar lo que piensas del cura. Él, y con él
su gente, bajarán por el largo tobogán
como putos pájaros en libertad». E inmediatamente,

más que palabras, nace la idea de unas ventanas altas:
el vidrio capaz de contener todo el sol,
y más allá, el aire azul profundo,
que no muestra nada, y no está en ningún lugar y es infinito.


Traducción de Miguel Marqués


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Cuando veo una parejita e imagino
que él se la folla y ella toma
píldoras o usa un diafragma,
sé que es ése el paraíso

que todo viejo soñó la vida entera:
ataduras y prejuicios desechados
como una cosechadora obsoleta, y los jóvenes
deslizándose sin límites ladera abajo,

hacia la felicidad. Me pregunto si
cuarenta años atrás, mirándome, alguien
habrá pensado:
Eso es vida;
nada de Dios, ni de sudar de noche

pensando en el infierno, ni de ocultar
lo que opinas del pastor. Ese y su
amigos se deslizarán, maldita sea,
libres como pájaros.
Y de inmediato,

más que en palabras, pienso en ventanas altas:
el cristal en donde cabe el sol y, más allá,
el hondo aire azul, que nada muestra,
y no está en ninguna parte, y es interminable.

 

 

Traducción de Marcelo Cohen

 

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