Venganzas silentes

A la dependienta de Walmart le fastidió bastante que la hubieran dejado pegá con el doble turno. Me lo dicen sus ojos de glaciares, su insatisfacción al pasar el upc code de mis artículos por el lector digital. Deja apretado el botón de la correa automática y por ahí se joden las argollas de plata 925 que había escogido en clearance a $2.00. La emoción abandona mi rostro ipso facto. ¿Todavía las quiere?, me pregunta. Con un levantamiento de cejas petulante le digo que no, que eran las únicas que había en joyería. La fila detrás de mí se impacienta y llego a contar hasta cinco clientes enervados. La doña del peluquín rojo suspira, y es precisamente ese suspiro, en ese preciso momento, lo que me provoca. Sí; cambié de opinión, le digo a la dependienta, quiero que me las busquen. Llama por el page. Joyería. Asistencia en la caja 20. Cliente espera. Juego con el tamagotchi de mi hija que llevo guindado del llavero. Me tiro un peo bajito, fumaíto, de esos que no hacen ruido pero dejan una peste envenená. La fila va por catorce y llega la de joyería trece minutos más tarde a anunciar que no quedan más de esas pantallas. Le doy las gracias. Pago. Me largo.

17 pensamientos sobre “Venganzas silentes”

  1. Eres mala, Yolanda. Muy mala. Me gusta. Y me gusta sobretodo tu dibujo, hace que me solidarize con la chica de Wal Mart.

  2. Ay eres la mejor…lo del peo de quedo mira de show…a esos yo les llamo los “ninja”, pobre nena!!!

  3. este texto además aborda la explotación de los empleados de walmart de un modo muy cotidiano. esa cadena se lleva todos los premios de explotadores number one. para colmo, es donde único consigo plátanos para hacer tostones, y a veces ni los compro por eso de no patrocinar la mentada tiendita. adoro un capítulo de south park (ojo, no es casualidad que este pueblucho de mierda se llame south bend) que trata de que llega un walmart al pueblo y hasta el papa de kyle termina enrrollao en la walmartmanía. el asunto es qe ahora en el de acá hay una máquina computadorizada para que pagues sin la ayuda del empleado. no sé que es peor, si usar la máquina qe le quita un empleo a un sujeto cualquier, o salvar a alguien de qe trabaje en esa megatienda explotadora.

  4. Es el letargo, no la explotación lo que hace interesante a los empleados de megatiendas, el letargo de ignorarse olvidados por todos, menos tú y quizás yo.

  5. ¡Bendito! ¡Pobre doña de sombrero rojo; tuvo que olerse el peo! ¡Y pobre dependienta, lo del page la chotea y también cogió el peo! …dito.

    Pero qué buen texto; ojalá permitieran notas de ese tipo en el periódico.

  6. Que fue, Yola?! Comiste pasteles de yuca, plagiando a Tor que pende del hilo que contiene a tus ventosidades?

  7. Qué emoción.

    Esto me recuerda que algo así mismito me encantaría hacerle a aquellos mamones que tocan la bocina del carro a to tren sin razón, motivo ni circusntancia, cuando la luz acaba de cambiar a verde. Me encantaría quedarme parao pa que el de atrás tenga que pasar el trabajo de tirarse por el lado. Y después cuando pase arrancar. Imagino que mucha gente ha muerto así. No porque hayan chocado, sino porque el de atrás (ahora al lado) ha sacado un revolver y ha disparado.

    Diablo, joel, que depresivo.

    Anyway. Yolanda, me sigues dando ideas: 1. lector digital 2. upc code (recuerda que los verás pronto)

    bytheway, what does upc stands for?

  8. UPC: Universal Product Code
    Lector digital: scanner

    Por cierto Joel, eso que mencionas de los autos y las filas y las bocinas, yo una vez lo hice. a lo mejor un día te cuento lo que pasó…

  9. Yo fui por 5 años empleado de una de esas tiendas por departamentos y, tras leer la anecdota de Yolanda, tengo que decir que tirar peos silenciosos en la cara de los empleados es una practica mas comun de lo que la gente se imagina. Niños atiborrados de dulces y paletas, viejos que han tenido que tomar arsenales de antibioticos, doñas emperifollá que no dejan de fruncir la boca como un culo (como si no hubiese pasado ná), tipas comemieldas de la alta sociedad, señores ejecutivos, todos pero todos tiran peos en esos sitios publicos en algun momento de sus vidas. Al principio a mi me molestaba y tenia que aguantarme la peste a pulmon. Lo peor era cuando lo hacian en los momentos en que el aire acondicionado estaba dañado. Sin movimiento de aire la peste podia cortarse a machetazos. Pero despues acostumbre la nariz y decidi yo hacer lo mismo antes de me lo hicieran a mi. Para los tiempos en que yo sabia que habian muchos clientes (navidades, dia del padre, etc.) yo llegue a comer tuna con guineo, aguacate con mayonesa, habichuelas crudas, cheetos con chocolate y mucha pero mucha pepita de pana con leche, y cuando llegaba el momento de que un cliente se pusiera incordio y dijera enojado el típico “buscame al gerente por favor”, yo aprovechaba y me tiraba unos follones espesos y abombaos, cortalientos, y mi triunfo era ver la cara de la gente mirandose entre si como buscando al culpable pero sin dcir ni esta boca es mia. En las tiendas por departamentos hay una lucha de intestinos, creanme, mas fuerte de lo que gente cree. Si no me cree prepare su nariz para su proximo dia de shooping. Fó.

  10. EXPLOTACION FUE EL PEO DE YOLA, DIOS MIO QUE ELEGANCIA, TE JURO YOLA QUE LA PROXIMA VEZ TE IMITO, PUJO POQUIO Y ME LO TIRO EN MARSHALLS O EN PITUSA, PERO UNA PREGUNTITA, DESPUES DE SALIR QUE HICICSTE? TE TIRASTE OTRO?

  11. lo q más me gustó fue el “Fo.” de Luis Villalba! Y tengo que coincidir con Mara, hay que dejar de consumir en estas tiendas. O hay que consumir menos. Punto.

    Lo del peo público, sin embargo, me recuerda a mi mamá. Ahora puedo contarlo, porque el verano pasado ella salió del closet. Decidió enfrentar los chantajes risueños de mi hermanita y míos y contar voluntariamente y a viva voz la anécdota a toda la familia. Hace ya un par de años, tal vez hasta diez, estábamos en Walgreens de San Patricio, seguramente el día antes de los Reyes Magos haciendo compras de último momento. Sé que fue hace mucho tiempo porque todavía el mall no tenía aire acondicionado, mucho menos los cines y comivetes del segundo piso. Bueno, Wallgreens estaba atiborrado de gente, demás está decirlo. Mi madre se detuvo a inspeccionar algún producto en el pasillo de los perfumes y maquillajes, de esos que tienen unas mesas como islas en el mismo medio. Ahí fue que le dio lo de Yolanda. En medio del pasillo, sin discreción ni vergüenza, se lo tiró. Apestaba a carajo, a centela, peor que la peste de la Kennedy. Obviamente, quien se moría de vergüenza era yo. Sin embargo, la justicia obra por senderos misteriosos. Al otro lado de la mesa-isla, había una doña oliéndose el peo. Busca por encima de la mesa, ve a mi mamá, la mira fijamente y le dice “señora, usté si que se tiró un peo bien chu-chín”. Por años, mi hermanita y yo sólo teníamos que mirarla y citar fragmentos de la frase: “señora” (con el tono particular) o “chu-chin” respectivamente, para que mi mamá se pusiera roja como un corazón de san valentín. entonces le daba vergüenza. en el momento, había sido inevitable.

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