Una cajita apandorada

Continuando el tono de ocio y aburrimiento que tiene este lluvioso verano, cansado de cines, bamboo beis y nuyorican cafés, he decidido ver películas y leer novelas de horror. Y de ahí sale esta, posiblemente incoherente, reflexión.

¿Qué es el horror? La niña del exorcista dando inverosímiles vueltas a su cabeza mientras grita, endemoniada, “Fuck me, priest”. Pero ¿por qué aterra tanto? Samuel Coleridge diría que nos horrorizamos ante el terrible acto de ficción, gracias a un dispositivo humano que él llama el “willing suspension of disbelief”, mediante el cual suspendemos toda incredulidad y aceptamos la ficción no tan sólo como realidad, sino como realidad presente, de la que participamos. Digamos, entonces, que nos horrorizamos porque tememos por nuestra seguridad. Al dejar de diferenciar entre ficción y realidad, el muñeco Chucky, el payaso It, o los decimonónicos vampiros Drácula y Nosferatu pueden estar cerca de nosotros y amenazarnos de muerte.

A esto le añadiría Baudrillard que no tan sólo hacemos real el horror ficticio mediante el dispositivo del “suspension of disbelief” o el “mise-en-scène” sino que ese horror televisado es el origen de todo horror real. ¿Quién podrá negar que nuestro temor es real? ¿Quién, mientras observa la película de noche, solo y en su casa, podrá afirmar con plena convicción que su vida no está en peligro? ¿Actuaríamos de manera diferente si realmente estuviéramos en el lugar de las víctimas? Lo divertido, es que sí estamos en el lugar de las víctimas. Pagamos por eso. Pagamos para que algún director osado nos horrorice y nos llene de miedo.

Creo que aquí es que está lo fascinante de una película como The Ring (copia de una película japonesa llamada Ringu, de la que me espantaron los avances y no quiero imaginar tener que verla completa), en que el horror sobrevive por medio de la diseminación televisiva. Pero hagámonos finalmente la pregunta, ¿qué es el horror fuera de la tele, es decir, fuera de ese mismo imaginario colectivo que en otros siglos fue la madre de dragones, vampiros y brujas? ¿Es posible el horror fuera de ahí? ¿Conocemos el horror real?

Tal vez me equivoco y no debería distinguir tanto entre el adentro y afuera de la cajita televisiva. Después de todo, todo lo que es real pasa en la TV, ésa es la condición de su realidad. Yo me atrevo a decir que sí, que conozco el horror, pues tan sólo necesito algunos billetes para una pizza, un alquiler de películas y una noche solo. Tal vez tan sólo soy un ingenuo, causa de indignación para alguna víctima de un ataque terrorista. Sin embargo, incluso el indignado debe aceptar la más mínima posibilidad de que tal vez el horror esté encajonado en la cajita o tal vez nunca lo ha estado. Tal vez el cristal que divide los dos mundos sea una puerta y no una barrera. Una vez metes la mano a través del cristal, te das cuenta que lo que está allí adentro puede entrar y salir cuando quiera. ¡Qué tontos somos! Hemos metido el horror en una caja abierta y lo hemos transmitido a todas partes.

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