Un encuentro fallido con “la cosa” por $16.00

Tremebundamente buenos pueden ser los encuentros. Y si son del tercer tipo, suelen ser todavía mejores. Claro, que con cada encuentro hay un desencuentro vaticinado o mejor, un “gap” de posibilidades de encuentros que sobrepasan los tipos y las cercanías, encuentros sin parangón. “La noche de anoche” fue una de esas… Cerca de uno de estos antros cuasi perfectos y sublimemente decadentes, engullíamos Tacos al Pastor, nachos con salsa picante y un par de trancazos de tequila, mientras el CD de Maná giraba incesante (“Rayando el sol”) y mi adorada amiga berreaba las canciones de Juanes. Tras horas de conversación, justo en el momento en que la pelirroja nos trajo la cuenta, ocurrió. El decadente bicho de la curiosidad casi deslumbra a los allí presentes con semejante revelación: “Oye, vamos pa’l Lucky.” Fotogénica frase; célebre y temible para algunos, salida tal cual proyectil de los labios del “elegido” del grupo, de aquel que nos iba a guiar por el camino de putedad. Con una mirada cómplice, unísona, casi ciclópea, todos accedimos. ¡síííí! Un sí rotundo, perverso e innegablemente nerdo.

La proximidad inminente y voluptuosa de la cosa se intuía desde el portal. La fragancia inascible de la cosa que queríamos ver y que a la sombra de un tubo se encontraba de cuclillas, nos costó diez dólares. Tras el breve toqueteo rutinario, nos dirigimos (casi en procesión de Viernes Santo), hacia las blanquesinas sillas que aguardaban con prudencia nuestros morbosos traseros de escritor. Por supuesto, no podía faltar una latita de Medalla en este encuentro. ¡Fue la Medalla más cara que he pagado y que pagaré, en mi vida! Con seis dólares podía, al menos, comprarme un “six pack”. Pero había que consumir…así que por ahí se fueron los seis dólares. De todas maneras había que satisfacer el deseo de encontrarnos con la cosa. “Todo sea por la cosa”, pensé.

Seguíamos a la expectativa, buscábamos, ansiábamos el momento en el que pudiéramos encontrarnos con ella. Acaso pensábamos que ese momento llegaría justo cuando la rubia peligrosa se deshiciera de su pequenísimo “g-stro”. El delgado pedazo de tela elástica descendía por los muslos de la obrera. Descendía con entusiasmo y gracia al ritmo del “Dale, dale Don, dale…”. Sentados, esperábamos. Vimos sus piernas abrirse. Sus piernas moverse. Sus piernas patear, sus piernas… Pero la cosala cosa

Y de ahí salimos, los mismos “lucky seven” que habíamos entrado con la ilusión del encuentro, aburridos, dormidos y desencontrados, embebidos por el simulacro. Listos para ir a casa (como dice Sabina), con la amargura de “quien ve pero no moja” y volver la semana próxima…

4 pensamientos sobre “Un encuentro fallido con “la cosa” por $16.00”

  1. …y finalmente…¿la Cosa se nos reveló? Qué buen comienzo para tu Cosa en Derivas. Tan poética y decadente, como la maldita medalla que pagamos, como las mujeres entubadas de piernas infinitas como ventanas que se nos abrían para mostrarnos la Cosa. Es un bello escrito. Casi lloro. No sé si por los 6 dólares, o por la ambición tronchada de ser una de ellas.

  2. es melancólico, digamos un tanto penoso pero, la cosa nunca se revela…por que no está donde la buscamos, es ilusa e ilusoria…gracias por tu comentario…un chéquet furtivo..E

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