Tortugo (III)

—¿A quién vas a matar?

Matar es un acto de creación, pienso.

—Dime, Tortugo, dime.

Fumo mientras mi mirada se pierde por el techo.

—Desconozco todavía —contesto.

—Me encanta cuando vas matar a alguien. Te pones así… así… tan machote.

Ironía: siempre que me limpio a alguien pienso que me aniquilo a mí mismo.

Los ojos de Dorilea lucen sobresaltados con la excitación infantil de quien visita un parque de diversiones por vez primera. Le queda en el rostro el maquillaje y la soledad.

—Te energiza. Te vuelve una bestia. Es cuando mejor me clavas.

Es cuando más creativo me siento. Soy como un bebé que descubre su propia mierda.

—Es parte de esto —le digo a Dorelia mientras acaricio su cabello de rubio peróxido.

—¿Sabes? He conocido muchos hombres, pero tú eres mi papi. El Daddy.

Seguro.

—¿No te pone celoso saber que he tenido otros hombres?

Mi mente viaja a la única mujer que jamás he tocado. Quedo suspendido en un vacío.

—Despiértame en una hora —dice Doriela ante la pausa prolongada—. Tengo trabajo esta noche. Y mañana hago baby sitting a alguien que ha de quedarse sola un tiempo.

—¿Sola?

—Un-ju.

Encomiendas especiales de Iscariote, pienso.

—¿Daddy?

—¿Sí?

—Nunca me dejes…

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