Tortuga rosa oscuro

Puso su mano sobre las mías. “Lo nuestro se acabó”, y salió del restaurante. Ya en esos días antes del final, me gustaba más refugiarme en el recuerdo que en su cama. Traer a la memoria esos momentos idealizados de cuando la conocí era una buena manera de ignorar el fin del amor. Solo en el café abrí una novela de Pynchon que llevo leyendo por los últimos dos años, Gravity’s Rainbow. La novela es excelente, pero francamente, no la disfruto. Es como nadar en arena movediza, setecientas páginas que nunca acaban, y seguir leyendo porque ahora me dan miedo las cosas que no termino, los finales que no acabo, los fantasmas que salen no ya del recuerdo, sino de una cajita que no cerré muy bien y que tendrá efectos en mi futuro. Son finales horrorosos que siguen terminando. Repetición del sentimiento de finitud. Pienso en eso mientras leo, lo que hace que me pierda en la lectura (otra vez). El mesero pasa por mi mesa y me pregunta si quiero algo más. Le digo que me traiga una botella de champagne y una copa, que estoy celebrando un final. Me río anacrónicamente. Sigo pensando en ella mientras leo. Me tomo la botella completa, salgo del restaurante, camino unas cuadras, tengo el libro en la mano. Y me doy cuenta que hoy cené solo, que ella nunca estuvo en el restaurante, que han pasado años, y cada vez que un libro me acompaña a cenar, la veo poner su mano sobre las mías.

Un pensamiento sobre “Tortuga rosa oscuro”

  1. luis wow esto me encantó, por muchas cosas. ese final de película de misterio barata es hermoso, además, la sensación del libro que uno nunca acaba de leer a mí me es super familiar. ese forzarse tercamente por convicción a no sé qué, por la certeza de que es bueno para los demás, no sé. me conmovió mucho. gracias.

    creo que lo más cursi es la botella de champagne, a mí me hubiera gustado más que fueran dos cervezas.

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