Tío Pepe

El día en que encontraron muerta a una bailarina exótica en casa de Pepe Arraga, el Presidente le declaraba la guerra a Irak. Pepe había dejado el televisor prendido mientras cepillaba los manchones en la alfombra con agua y jabón.

–Ni que la hubiese decapitado –pensó, poniéndose el sombrerito de vaquero y pasándole un paño húmedo a la chapita de juguete de la mujer.

En la pantalla el Presidente intentaba convencer al pueblo americano de la presencia de armas nucleares en suelo irakí. Pepe se debatía en como mejor mover el cuerpo del dormitorio a la covacha. No le cabía la menor duda que de haber nacido en el viejo oeste, no tendría que ni preocuparse de cerrarle los ojos a la mujer. Bastaría con dejar las puertas y ventanas abiertas para los cuervos.

Era extraño. Ahí estaba Pepe con todo el peso de una mujer recién asesinada sobre los hombros, parado frente a frente con el hombre más poderoso del planeta y se sentía intocable.

Le hacía muecas al Presidente con la mano de la mujer muerta. El asesinato de la bailarina lo había convertido en todo un disidente político.

Poco a poco hizo su camino hasta la covacha. De la mujer quedó sólo un chorrito rojo en el piso trazando un mapa de la casa.

De regreso a su habitación, encontró al Presidente todavía detrás del podio dando excusa tras excusa para la guerra. Le dio pena. Consideró enviarle un paquete con su sombrero, su chapita, y su vaqueta.

3 pensamientos sobre “Tío Pepe”

  1. Muy bueno este texto Guillermo, y muy curioso. Va de la mano con el asunto del Manolo y la levedad. Haces como Quiroga y su enunciado aquel de contar la historia como si el relato “no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno”. Tengo una interrogante, por cierto, que no me permite cerrar el cuento en mi mente. Tu primera línea indica “El día en que encontraron muerta a una bailarina exótica en casa de Pepe Arraga, el Presidente le declaraba la guerra a Irak.” Al final del cuento no dices “quienes encontraron” a la bailarina, o más aún, si alguien la encontró. Suenas a un plural que excluye a la mente asesina del Pepe, dado el caso que fuera él mismo el que la hallara en un ataque esquizofrénico de asaltada consciencieux. ¿Me lo aclaras, please? Un abrazo.

  2. gracias, yolanda…me alegro que te haya gustado…la linea primera, lo se, la idea era no decir, osea que se supiera desde un principio que pillan a pepe pero no queria contar esa parte de la historia…si la linea molesta mucho la quito…gracias de nuevo por el feedback

  3. ¿pero cómo van a quitar la línea de la Crónica de una muerte anunciada- Cien años de loledadesca? esa es la línea clásica:

    “El día que mataron a Santiago Nasaar…” Lo mejor de la literetura policiaca latinoamericana, aquí nuestro Guille con su proyecto, vamos a ver si nos gana una semana de novela negra en españa o de relatos…

    Salve Dios, la Virgen y el Rey

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