Surquemev

En las aceras rotas de Pan-da’aram, suenan los cascajos entristecidos del barro caliente en el suelo. Se aclara el cielo y el bullicio es silencio pesado al llegar la hora del rezo, cabezas arrodilladas, enredadas en versos entrometidos y cuatro cruces de plomo, las únicas en ocho cuadras. Acá el humo no hace tanto ruido. Todo se marea con el calor del espejismo y los mendigos se sofríen juntos en sus sudores. Regatean en las miradas sus propios huesos que, de amarillos, nada les queda porque, bajo el calor de las tardes en el centro de esta cuidad, todo es un rojo vivo.Las codornices enjauladas son un espectáculo penoso; una a una se las irán comiendo, una a una las irán reemplazando con otras codornices cabizbajas en la misma jaula de hierro.

Se tiene siempre que mirar al frente, se tiene siempre que disimular ser otro, cuando se pasa caminando por la mezquita sólo por el frente y rápido, con paso corto, las manos bien puestas en donde sea y una sonrisa al “flash” irrespetuoso. ¨No es momento de turismo, nuestros hermanos están en guerra, mueren con la sangre en sus cabezas aún hirviendo, se laceran los pies descalzos enterrando entre escombros a sus muertos.”

Se dice que aquí vivió Jesús, pero también a dos calles vivió, y a cuatro, y a cinco. Casas lejanas unas de otras, dos habitaciones sin ventanas y aserrín, mucho y de sobra. “Vivió aquí seguramente un carpintero y en ese lecho dormía.”

Anochece tarde y todo se enfría, condensando los momentos en cada grano de arena. Los más jóvenes habitan las calles, y se respira el ritmo perverso que lleva puesto en la piel cada uno de los humanos. Judíos, musulmanes y cristianos besándose en la oscuridad, temiéndose al cerrar los ojos, se comen la levadura y vierten el vino en la tierra.

Y se apaga la ciudad de golpe y el viento consume las tejas. La oscuridad de las calles se pega, musgosa, a todas las paredes que vibran al toque de queda; no se pueden encender velas, la calefacción no funciona. Salam malecum, dicen unos; Shalom y escasez de petróleo otros. Mañana llegará temprano el periódico y abriré la jaula de las codornices. Hoy no pude hacerlo porque estaba muy asustado y andaba apretando fuerte los puños dentro de los bolsillos.

4 pensamientos sobre “Surquemev”

  1. Me imaginé todo dentro de una pintura de colores muy calientes, con muchas caras largas de ojos almendrados, secos, extraños y provocativos.

    Creo que estoy lista para un “magic carpet ride” !!

  2. Que cercano y que nuestro pudiste hacer sentir algo que para mí es de otra dimensión…gracias por el insight, gracias por la sensación de miedo e inseguridad, gracias por sacudir mis cimientos para no tomar nada por dado. Paz!

  3. que miedo más espantoso y que sequía, qué de besos en la oscuridad con los ojos abiertos. las manos en los bolsillos me llevan a reflexionar sobre nuestra impotencia. excelente prosa política.

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