Sobre el sexo y el Azar

Siempre he soñado con el sexo casual, como una simple aparición del azar. Se mezclaría en él la levedad que se da cuando dos personas que apenas se conocen deciden acompañarse a comer algo porque tienen hambre, y la transgresión de deshonrar algo que siempre nos han querido imponer como sagrado, melodramático o sumamente importante.

Pues sucede que al Azar no le importa nuestro libreto de movidas rehusadas o nuestras grandes expectativas, sino que, al primer pestañeo, enviará una mirada seductora a la esquina donde estás sentado, en el justo momento en que lo estás mirando. Nada tiene que ver contigo. Es tan sólo una casualidad.

Estás en el justo lugar, en el tiempo justo, en el Café Kairós. Entonces tratas de prepararte. Empiezas a repasar tus estrategias para un sexo extraordinario y cuando te das cuenta ya estás metido en su cama y quieres recuperar el control de la situación para imponer tu experimentado plan sexual. Quieres ese sexo divino y perfecto. Quieres que sean dioses en la cama. Pero el Azar es un amante escurridizo e impredecible. La palabra “perfección” no está en su léxico. Se alimenta de la inestabilidad. Te lo hace sin convencionalismos. Va directo al grano. Tener sexo con él no tiene que ver nada con tus fantasías prefabricadas.

Quieres evitar el orgasmo “prematuro”, pero ves cuánto disfruta él mientras tu te suprimes. Entonces, cuando vuelves a abrir los ojos él ya se está poniendo su traje sensual y su lipstick rojo. El Azar se va. Te deja sin tu orgasmo suprimido y comienzas a reírte. Después de todo, la has pasado bien sin tus probadas movidas, sin tus estúpidas expectativas, sin ese orgasmo que piensas imprescindible. Piensas que no fue el mejor sexo de tu vida, y luego piensas que no importa. Te ha gustado la profanación que has hecho del sexo de ideal…

Ningún rito es tan divino que no pueda soportar la sinceridad de lo inesperado. Ningún control puede someter la caótica y caprichosa voluntad de ese amante imponente que es el Azar.

Un pensamiento sobre “Sobre el sexo y el Azar”

  1. Qué bueno es tener el azar de nuestro lado. Y qué terrible cuando se enoja con uno. Podemos volcar en él todas nuestras culpas. “No fui yo, fue él, el señor Azar”. O será mujer, acaso. Ya sea que hayamos tenido el mejor o el peor de los sexos, no importa porque no fuimos nosotros. Nuestra única aportación ha sido existir, estar ahí para que esa fuerza disponga de nosotros. Pero, ooops, eso tampoco lo hemos hecho nosotros. Ha sido el azar.

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