Te regalo palillos de diente…

Melancolía es igual a un sepulcro donde guardo pequeños huesos afilados para sacarte pedazos de cuero de entre los dientes. Caníbal es la esfinge de tu nombre aguardando el aguarrás en el esófago. Todo lo que quieres es tragarme. Un buche de sal con la precisa indulgencia, marinada en el atasaje de tus manos. Es una delicia el rostizarse, a veces, cuando el carbón deriva de tus labios y se posa en mis mejillas. Es una delicia, coño, saber que una se muele especia en tan pocos gemidos… quel aguacero de lágrimas esparce mi polvoreo… quel fuego lento adhiere mi granulado deslumbre… Yo no te acuso de cavarme más bulímicas úlceras en las esquinas de los intestinos, pero creo que tiene mucho de acídico el remanso de tu victimario adagio, la melodía crujiente de tus besos maderados. Mira diabla, el fuego no se coció en tu nombre para componer canciones de salsa. El fuego es en realidad un martirio de tu boca… la impasible espera de creerte agua.

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