Sic et non

Acabo de salir del Hospital Pavía. Una doctora simpaticona, gordinflona y con tono de payasa me diagnosticó un “influenza like syndrome”, que según ella, desaparecerá en siete días. Se supone guarde cuarentena en cama. Nada de hacer desarreglos ni de andar posteando escritos en Internet, que para eso habrá tiempo luego. El demerol y un antiviral para atacar la rompehuesos deben ayudarme a pasar el mal rato. El calorcito que emite la laptop sobre los muslos puede empeorar los escalofríos y la fiebre, y el constante teclear-movimiento- de-mouse puede exacerbarme los calambres del cuerpo. En fin, que tengo vetado eso de hacerme pasar por cronista virtual, so pena de complicaciones pulmonares.

No visitaba ese hospital desde la muerte de mami hace tres años. Me sentí extraña estando acostada en la sala de emergencias, justo al lado del cubículo en donde estuve con ella dándole la mano, escuchando su ronquillo de ahogo mientras agonizaba. Recordé su mirada perdida, que abría y cerraba en busca de algo, o escondiéndose de no sé qué cosa. Recordé sus labios resecos, el suero que se perdía por su piel y que a veces daba jalones a sus venas. Mami no quería aquella muerte. Siempre me lo dijo. Cuando aún tenía lucidez, o cuando ésta iba y venía entre sus ataques de Alzheimer, aprovechaba para declarar que aquello no era justo. Nadie debe morirse olvidándose que vivió, me decía. Mami era tan sabia.

La mañana en que mami murió yo no estaba con ella. Los hijos nos turnábamos y esa noche me había tocado a mí dormir en la casa. Cuando me lo dijeron, corrí a Pavía. Me dejaron estar a solas con ella por un rato. Me metí con ella en la cama y nos arropé a las dos, juntitas, como hacíamos cuando yo era chiquita. Aún estaba caliente. Aprecié toda su piel tibia, suave, pegada a la mía, y me sorprendí de sentir cómo se le ponía fría, dura, reseca a medida que la vida ya no le regresaba. Toqué todas las partes de su cara. Abracé sus hombros, sus manos.

Como mami, hoy había allí otras viejitas exhalando sus últimas respiraciones. Una de ellas se resistía a todo lo que le hacían. No deseaba que le pusieran el suero ni el oxígeno en las fosas nasales. Quería comodidad. Comodidad y paz. Quería acordarse. Estoy segura que lo único que deseaba era recordar quién había sido para poderse ir tranquila.

5 pensamientos sobre “Sic et non”

  1. No sé si me recuerdas, nos presentó Alma en el taller de cuento. Siempre he pensado que morirse sin recuerdos es la peor muerte, así he perdido ya a varios de los mios, aun con todo hay algo peor que eso, morir sin recuerdos y no saberlo porque si uno no lo sabe no se entera ni los busca y si uno no los busca nunca entonces los encuentra.

  2. Conmovedor, Yolanda. Disculpa que menosprecie la forma en que murió tu mamá al desearle a mi abuela que muera en su propia cama, en el sueño.

  3. Tu escrito esta bien “powerful”. Disculpa el anglicismo pero no encuentro una palabra en español para expresar lo que senti al leer tu escrito. Espero te sientas mejor pronto.

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