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	<title>Derivas &#187; Ediciones</title>
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		<title>Notas sobre lo cursi, edición especial</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Feb 2008 04:38:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Margarita Pintado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cursi]]></category>

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		<description><![CDATA[Tenía 15 años cuando me enamoré por primera vez. Mi novio en ese entonces tenía 18. En aquel momento esos tres años de diferencia representaban un abismo; él en la universidad y yo una niña de décimo grado. Él estudiaba arquitectura, y recuerdo que para nuestro primer día de San Valentín como pareja, me regaló [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tenía 15 años cuando me enamoré por primera vez. Mi novio en ese entonces tenía 18. En aquel momento esos tres años de diferencia representaban un abismo; él en la universidad y yo una niña de décimo grado. Él estudiaba arquitectura, y recuerdo que para nuestro primer día de San Valentín como pareja, me regaló una postal que él mismo había hecho. No recuerdo nada más (y me consta que me regaló varias cosas) sólo aquella manualidad. Se trata, probablemente, del período más cursi de mi vida. Ese tiempo en el que somos incapaces de ocultar un gesto, una palabra. Un pequeño drama. La adolescencia es la negación del disfraz, a pesar de que esté llena de poses. Era una tarjeta hecha con papel de construcción y cartulina. Parecía una postal normal de esas que venden en la farmacia, pero al abrirla se descubrían cuatro lados de donde salían pequeñas cuerdas. Era como un abanico, o una escalera. Cada cuerda, a su vez, guardaba un pequeño secreto; mínimos textos que completaban el mensaje principal. Todavía guardo, después de 12 años, aquellas postalitas y presiento también haber guardado algo de aquel chico, algo que se quedó pegado a aquellos cartones de colores.</p>
<p>He tratado varias veces de acostumbrarme al minimalismo, no sólo porque me place cambiar de estilo, sino porque me enseñaron que lo minimalista era cool. Limpio, recto, recogidito, bien portado. Y a pesar de hacer las lecturas pertinentes y descubrir el trazo rebelde del minimalismo, hay una nitidez, una limpieza de fondo que es necesaria para su existencia, y que a mí, me viene sobrando. Yo, por otro lado, cada vez que compro algún objeto (decorativo o no) tiendo al exceso, al claroscuro, a los volantes. A lo barroco cuando se cae, y se anticipa a su ruina. Lo cursi, en palabras de Ramón Gómez de la Serna  “aparece como decadencia […] y por lo tanto tiene toda la fragilidad de lo que &#8216;está&#8217; delicado” (17). Delicadeza, rastro, pliegues que niegan la apariencia del edificio que los contiene. Fragilidad en la que se impone el empeño rebelde de ser algo más. He notado, por ejemplo, cierta proclividad de mi parte a comprar objetos que trascienden su función. Espejos que parecen cuadros, butacas que parecen tronos, mesas que se asemejan al lomo de algún animal grande, o al tronco de un árbol, carteras que parecen mariposas. Lámparas que quieren ser flores. Hay animosidad, perseverancia poética en estos objetos que no se conforman con el papel que les ha tocado: “Esta lámpara [con ansias de flor] quería pensar y alentar conversaciones adornadas, pensamientos con rimbombancias, pasiones con fervores líricos” (de la Serna, 22).</p>
<p>A nosotros lo cursi nos suena a melodrama barato, empacho, azúcar azucarada, telenovelas rosa, Corín Tellado, poemas de amor (malos, malísimos) de aquel novio infame (por lo cursi) que tuvimos. A modo previsor, Gómez de la Serna distingue entre lo cursi bueno, “perpetuizable y sensible” y lo cursi malo, “deleznable y sensiblero” (26). Sutil distinción con profundas diferencias. Hay solemnidad y un tenue desamparo en el llanto del cursi bueno. Hay pretensiones, engreimiento y un adormecimiento del encantamiento en el llanto del cursi malo: “Escritores malamente cursis son los que han escrito lo sobrante, lo real extra superfluo, los tópicos que son vegetaciones del corazón” (27).</p>
<p>Se dice que la palabra cursi surgió en Andalucía, a donde había llegado una familia de la burguesía francesa caída en decadencia. A pesar de las calamidades económicas, las niñas de la familia Sicur insistían en sus vestidos emperifollados y en cubrir de lazos sus melenas. Los vecinos, en ánimos de burla, comenzaron a llamarlas Cursi, alternando las sílabas del apellido. Otras fuentes indican que la palabra viene del árabe “Kursi”, que es el trono –excesivamente adornado en donde se sienta la novia el día de su boda. A pesar de la poca certeza respecto al origen de la palabra, notamos un cierto dejo común en ambos casos. Que lo cursi haya sido ignorado o malinterpretado por la academia, no minimiza ni su lugar, ni su efecto dentro de la tradición de las aceras del barrio en donde crecimos. Lo cursi es lo otro, la elipsis del círculo, lo barroco. No olvidemos que el exceso del barroco y neobarroco fue perseguido por los defensores del “buen gusto.” Así, cuando leemos y escribimos desde lo cursi nos guarecemos bajo un cielo de estrellas, lejos, lejísimo de las bibliotecas. Nos narramos desde una sensibilidad callejera que se zafa instintivamente de cualquier espíritu represor.</p>
<p>No saber qué fue de aquel chico que me colmó de besos un día.  No buscarlo ni planificar reencuentros. Saber que lo poseo parcialmente, en la justa medida que lo quiero poseer. Encontrar de repente las cartas y las postales, sin ningún afán por deshacerme de ellas. (Creer que perdiendo el objeto lo perderé para siempre) Tocarlas, recordar. Olerlas, recordarlo. No saber, no querer saber, sólo gozar de su pequeña presencia allí en mi cajón. Eso es Lo Cursi.</p>
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		<title>(sin título)</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Feb 2008 05:54:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mara Pastor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cursi]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[camino]]></category>
		<category><![CDATA[lluvia]]></category>
		<category><![CDATA[pasado]]></category>
		<category><![CDATA[viajar]]></category>

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		<description><![CDATA[
Hoy llegaste debajo
de la lluvia. Al abrir
la puerta
nos dimos un beso.
Te prepare un té.
Sentados en la mesa
éramos amigos.
El carro en el que fuimos
al pasado (ese lugar
sin tiendas) donde
vive la gente más linda
que conozco, nos arregló
la mirada cómplice,
adornó de algo lo que era
exactamente igual antes
del viaje. Entonces
comprendo que viajar
con alguien, sin importar
lo breve del camino,
tiene dos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/lila1.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-674" title="lila1" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/lila1.jpg" alt="" width="402" height="301" /></a></p>
<p>Hoy llegaste debajo<br />
de la lluvia. Al abrir<br />
la puerta<br />
nos dimos un beso.<br />
Te prepare un té.<br />
Sentados en la mesa<br />
éramos amigos.<br />
El carro en el que fuimos<br />
al pasado (ese lugar<br />
sin tiendas) donde<br />
vive la gente más linda<br />
que conozco, nos arregló<br />
la mirada cómplice,<br />
adornó de algo lo que era<br />
exactamente igual antes<br />
del viaje. Entonces<br />
comprendo que viajar<br />
con alguien, sin importar<br />
lo breve del camino,<br />
tiene dos alternativas<br />
una que une y otra<br />
que desata.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Delia</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Feb 2008 02:53:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alleya I. Rodríguez Vázquez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cursi]]></category>
		<category><![CDATA[Prosa]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo alzas, un poco desconcertada. El delgado libro está dividido con un marcador cualquiera, de ésos que se venden en las farmacias, con una pareja tomada de la mano. Miras hacia atrás, pero la chica se ha ido ya. La ves pagar y correr acera abajo, mochila al hombro, como tú, hace no demasiado tiempo. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lo alzas, un poco desconcertada. El delgado libro está dividido con un marcador cualquiera, de ésos que se venden en las farmacias, con una pareja tomada de la mano. Miras hacia atrás, pero la chica se ha ido ya. La ves pagar y correr acera abajo, mochila al hombro, como tú, hace no demasiado tiempo. La puerta se cierra y la guagua acelera.</p>
<p>Miras a tu alrededor. Nadie se ha movido. Los señores que tienes enfrente siguen hablando de política y el hombre a tu lado se esfuerza en balancear su café y mantener sentados a sus dos hijos. Lees la oración inicial de la página marcada.</p>
<p><span id="more-426"></span></p>
<p><em>Pero tras la mirada de Delia revivía cierto mundo oculto, que otros trataban de escudriñar.</em></p>
<p>La muchacha estaba como ida y todo el mundo se preguntaba por qué. Interesante. Mirando al frente con toda inocencia, deslizas el libro dentro del bolso de florecitas. Si la vuelves a ver, se lo devuelves. Contigo está seguro.</p>
<p>Pones el bolso en la mesa al llegar. Te cambias de ropa y lavas el baño en lo que las habichuelas se ablandan. Algo hay en las yerbas flotando entre las burbujas que te hace pensar de nuevo en el libro. No. Ya no tienes tiempo para leer. Hay cosas que hacer. Tal vez estaba embarazada, piensas, acordándote de “María de los Milagros” y la felicidad total de su protagonista cuando se enteró de que estaba encinta, pensando aquello tan conveniente de que su corazón al fin contemplaba realizados sus deseos de mujer.</p>
<p>Terminas de cocinar justo a tiempo para lavar. Clasificas la ropa de color y pones la lavadora a llenar. Te decides y buscas el libro, abriéndolo donde se quedó la chica.</p>
<p><em>&#8230;la lluvia de la noche barría el polvo acumulado en las últimas semanas sobre la escalera, removiendo de los peldaños rastros de barro y arena.</em></p>
<p>La espuma del jabón sube envuelta en vibraciones que te van tranquilizando. Echas la ropa leyendo y bajas la tapa.</p>
<p><em>Delia, te ves como si llegaras de otra parte &#8211;le decían&#8211; tu interés revive solamente con las palomas que planean a lo lejos o los murcélagos que cortan la noche.</em></p>
<p>Náh, a esa mujer no le pasa lo que a María de los Milagros. Te da la impresión de estar marcada por algo realmente sorprendente, alguna revelación secreta.</p>
<p>Oyes el portón del garaje abriéndose y cierras el libro, metiéndolo entre la ropa sucia. Vas despacio a la cocina. Enciendes el televisor y sacas un plato. Su habitual beso frío te roza los labios.</p>
<p>&#8211;¿Te vas a bañar?</p>
<p>&#8211;No, voy a comer antes.</p>
<p>Le pones la comida en la mesa y te sientas del otro lado porque no le gusta comer solo, aunque sólo le preste atención al pelo teñido de la reportera.</p>
<p><em>en las palomas que planean a lo lejos</em></p>
<p>Sabes lo relajante que es irte a escalar las grietas del techo de la casa con la cabeza nada más. Contarte chistes, empeñar la rutina a cambio de las anécdotas que se le escapan a los trazos del mapo, a los botones grises de las cajas registradoras.</p>
<p>&#8211;Esos pillos son la changa, mira, y que casi millón y medio&#8230; &#8211;suspira él, con menos fascinación que envidia.</p>
<p>Lo observas detenidamente. Te inquieta de repente el no poder reconocerlo, no poder diferenciar sus facciones de la pared que tiene detrás. Ver sus ojos enfocados, su tez bronceada, sus dedos cortos sin anillo &#8211;le queda pequeño, dice, y tú se lo creías&#8211; y sin embargo no poder diferenciar qué lo distigue y qué no. Deseas haber puesto el libro más cerca para poder escabullirte más fácilmente.</p>
<p><em>en los murciélagos que cortan la noche</em></p>
<p>Portadores de malas noticias que pueden abrirse camino por la oscuridad. Que pueden delatar. Mató a alguien, y sus pensamientos la fuerzan al silencio. Todo el mundo se hace historias de lo que le podía haber pasado. Se encontró con este individuo que la acosaba, que le quitaba el aire, y  tomó una piedra. No, una piedra no&#8211;</p>
<p>&#8211;Hoy estás más eslembá de la cuenta.</p>
<p>&#8211;Estoy cansada.</p>
<p>&#8211;Pues vete a dormir.</p>
<p>Qué fácil, vete a dormir. Qué facil acostumbra ponerlo todo. Sonríes. Divides una invasora hormiga con la punta de la uña.</p>
<p>Retumba el pum de la lavadora acabando su ciclo y te levantas. Sacas la ropa y echas la otra sin esperar a que llene. Riegas el líquido sin fijarte y se te resbala la tapa. Un seco “¡Costó cara!” rebota contra las esquinas vacías. Pareciera salir del libro. Lo abres.</p>
<p><em>No se pudo precisar claramente el día en que el espiritu de Delia había tomado un nuevo y peculiar matiz.</em></p>
<p>La ves. La ves cómo cerraba sus manos en torno a su cuello, con una fuerza imprevisible. De la misma sorpresa, él se había echado hacia atrás. Habían caído al suelo, ella atenazando su cuello sin aflojar, él agarrando los mechones de su cabello con fuerza.</p>
<p>Había soportado el dolor como una nueva clase de goce. Desplazó aquella gloriosa electricidad a sus dedos largos y punzados, enlazados casi con amor en torno a su cuello. Las manos de él fueron aflojando despacio, dejándose caer de repente.</p>
<p>Te dio frío aquí, en la cabeza, en las manos, y quisiste volver.</p>
<p>Quiso que despertara para volver a ver esa mirada de sorpresa, de incertidumbre, sentir otra vez su miedo, y lo sacudió. La miraba como desesperado y ausente, sus ojos brotados, veteados de capilares rotos. Ella no previno el enorme vacío que comenzaba a absorberla. Tocó sus cabellos rizados con la punta de los dedos y lo besó en la frente, como a un niño dormido.</p>
<p>Abres los ojos, miras a tu alrededor. Deben ser cerca de las nueve. La oscuridad te envuelve, y tocas a tu alrededor  para orientarte. El libro sigue allí, con su tapa laminada. Caminas hacia tu cuarto, tratando de disipar las palomas, los murciélagos, de tu cabeza.</p>
<p>Él duerme.</p>
<p>Tratas de sentarte frente al televisor para ver la novela. María de los Milagros dirige sus ojos húmedos hacia ti, tanto que parece que te observa de verdad, y se te eriza la piel. Lo apagas y caminas hacia la cama. Te acercas a él. Observas su cuello expuesto, un poco quemado por el sol. La piel se siente suave bajo su quijada. Pequeñas líneas curvas ya se dejan ver. Tan vanidoso que es.  Sabes que lloraría si le dijeras de la papada incipiente. Pasas la punta de tu dedo por la tibia vena que late confiadamente bajo su piel.</p>
<p>Evocas el efímero sabor de triunfo y lo deseas nuevamente. Sientes que las puntas de tus dedos se calientan con el recuerdo del fuego. Te acuestas a su lado, y lo abrazas, rodeando su cuello con tus brazos, esperando soñar con Delia.</p>
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		<title>Posible móvil que terminó asustando al hombre murciélago y a otros</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Feb 2008 21:13:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nydia Antonia Russe</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cursi]]></category>
		<category><![CDATA[Prosa]]></category>

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		<description><![CDATA[Después que la tiza blanca y homicida trazó sus cuerpos en la cama sin espaldar, ella, disfrutando de su aliento, el de él, que soplaba su pezón izquierdo, le dijo: Te quiero. Él, para ganar tiempo, le buscó en las páginas amarillas el nombre del peor detective, agarró su botella de Jack Daniels y se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Después que la tiza blanca y homicida trazó sus cuerpos en la cama sin espaldar, ella, disfrutando de su aliento, el de él, que soplaba su pezón izquierdo, le dijo: <em>Te quiero</em>. Él, para ganar tiempo, le buscó en las páginas amarillas el nombre del peor detective, agarró su botella de Jack Daniels y se marchó.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Balada de aprendiz</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Feb 2008 21:15:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Ibarra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cursi]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[
Contigo aprendí a querer más las uvas
acostarme con las cuatro estaciones
a ofrecerte el mundo en un chicle.
Aprendí a columpiarme en tu mano
asistir a la misma esquina del parque
a descifrar lo irrepetible del cielo.
Aprendí a guardar la memoria en
frasquitos de colores a soñar con el mismo
árbol
a idealizar tu monumento.
Aprendí a descubrir el intervalo que hay
entre dos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/love1.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-645" title="love1" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/love1.jpg" alt="" width="288" height="294" /></a></p>
<p>Contigo aprendí a querer más las uvas<br />
acostarme con las cuatro estaciones<br />
a ofrecerte el mundo en un chicle.<br />
Aprendí a columpiarme en tu mano<br />
asistir a la misma esquina del parque<br />
a descifrar lo irrepetible del cielo.<br />
Aprendí a guardar la memoria en<br />
frasquitos de colores a soñar con el mismo<br />
árbol<br />
a idealizar tu monumento.<br />
Aprendí a descubrir el intervalo que hay<br />
entre dos cuerpos<br />
a hablarle a las estatuas<br />
a saber que los zafacones saben<br />
guardar secretos.<br />
Sobre todo<br />
aprendí a querer<br />
desde un rinconcito allá lejos del alma<br />
a quererte<br />
con los huesos.</p>
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		<title>casi cómplices</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Feb 2008 08:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nicole Cecilia Delgado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cursi]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[
hubiera estado dispuesta a cualquier cosa después que esa canción comenzara a latirme adentro
ahí, sentados, casi cómplices, dispuesta a besarte una mano, besarte tímidamente el pulgar de la mano derecha
que apenas entonces soltaba el volante
y meterla luego entre mis piernas porque hoy llevaba falda y tenía frío.
hubiera estado dispuesta a decirte que esta tarde hablé [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/cielonubes.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-664 aligncenter" title="cielonubes" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/cielonubes.jpg" alt="" width="500" height="375" /></a></p>
<p>hubiera estado dispuesta a cualquier cosa después que esa canción comenzara a latirme adentro<br />
ahí, sentados, casi cómplices, dispuesta a besarte una mano, besarte tímidamente el pulgar de la mano derecha<br />
que apenas entonces soltaba el volante<br />
y meterla luego entre mis piernas porque hoy llevaba falda y tenía frío.</p>
<p>hubiera estado dispuesta a decirte que esta tarde hablé de ti con toda la ternura que conozco<br />
decirte te acuerdas el día en que nos conocimos yo estaba tan distraída y tan nerviosa y di un mal paso<br />
y me caí como se cae de un árbol una fruta, alfrente tuyo.<br />
pero te ofrecí el humo dulce que traía en los pulmones, casi cómplices y ya, fuimos amigos.</p>
<p>hoy estaba dispuesta a cualquier cosa porque ya no te sentí tan tenso o abstraído y te hice reír<br />
y fuimos otra vez los dueños de la casa de campaña, casi cómplices<br />
con un secreto sin lengua merodeando las entrañas irreconocibles de nuestro gesto más involuntario<br />
(gesto único que ninguno de los dos). nada de nada.</p>
<p>aquí, ahora, con el lápiz en la mano y dándote la espalda<br />
sumida en el perfecto silencio que nos acerca por las noches<br />
hubiera estado dispuesta a cualquier cosa. porque ahí</p>
<p>en esa cápsula del tiempo que somos tú y yo juntos las luces brillan más todos los días<br />
la calle es una isla con puertas azules y dormidas y el sueño se nos tuerce de mañana.<br />
mañana. voy a despertar temprano y a dejar el agua derramarse porque ayer<br />
porque nosotros. porque el tiempo juega con mi pelo y todo cambia. yo ya no sé.</p>
<p>y no importa quedarnos callados &#8211;recostar la cabeza&#8211; estar tranquilos. aquí. tú. conmigo.<br />
haciendo las paces &#8211;acercándonos sin previo aviso&#8211; queriéndonos a ese nivel que nos descubre<br />
simples, inevitables, muertos de risa<br />
hablando del empedrado de las calles que escogimos al azar para ir más lento.</p>
<p>yo, con mi prisa importada del más allá y tú, parsimonioso como siempre, esquivo.<br />
casi cómplices, de nuevo, casi cómplices, obedeciendo al ritmo ritual de nuestro medio:<br />
el viaje, la rueda, un pan dulce mojado en chocolate caliente<br />
las grietas de una banqueta que ha cedido al poder de la raíz.</p>
<p>y la escritura, amarrándonos a la ansiedad por contar algo<br />
a cada uno de los dedos de tu mano tocando fondo entre mis piernas.<br />
hubiera podido. estuve a punto.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>en-amor-hada</title>
		<link>http://www.derivas.net/como-gasto-papeles/</link>
		<comments>http://www.derivas.net/como-gasto-papeles/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 16 Feb 2008 22:00:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Margarita Pintado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cursi]]></category>
		<category><![CDATA[Prosa]]></category>

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		<description><![CDATA[quizá  fue  el  libro  aquel  que  me  leí  hace  dos  noches,  o  la  conversación  que  tuve  con  un  extraño  en  el  café.  me  temblaron  las  manos  como  cuando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/encajesdesol.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-665 alignright" style="float: right;" title="encajesdesol" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/encajesdesol.jpg" alt="" width="316" height="484" /></a>quizá  fue  el  libro  aquel  que  me  leí  hace  dos  noches,  o  la  conversación  que  tuve  con  un  extraño  en  el  café.  me  temblaron  las  manos  como  cuando  tú  me  las  buscabas  y  yo  no  me  dejaba  porque  estaban  frías,  como  lloviznadas  de  miedo  y  de  ganas.  tantas  ganas.</p>
<p>me  he  quedado  callada,  como  escondida  en  esta  piel  que  ya  no  sé  si  es  mía  porque  el  frío  la  ha  secado  tanto&#8230;  quizá  fue  la  caminata  inesperada  que  di  ayer  que  me  dejó  exhausta,  con  un  aliento  tan  flaco  que  parecía  que  me  moría.  sabes  como  hay  ciertos  días  que  parecen  fantasmas,  que  tratan  de  venir  pero  no  llegan.  que  tratan  de  irse,  pero  se  te  quedan  pegados  en  la  piel.  ayer  fue  un  día  triste.  recuerdo  esa  extraña  sensación  que  sienten  los  hombres  cuando  parece  que  van  cansados  de  estar,  y  de  sonreir  y  de  hablar.</p>
<p>quizá  fue  el  poema  que  encontré.  las  cenizas  calladas  en  la  lata  que  dejé  en  el  balcón.  las  sobras  de  la  comida  que  mi  roomate  dejó  tiradas  por  ahí.  la  ruina  me  perseguió  todo  el  día,  y  a  veces  tomaba  la  forma  de  tu  rostro.</p>
<p>tu  voz  de  ruina,  agrietada  como  todas  las  historias,  intacta  como  cree  estarlo  mi  memoria.</p>
<p>ayer  todo  el  día  fue  de  noche.</p>
<p>creí  que  me  convertía  en  un  hada  buena  y  que  el  cielo  se  enamoraba  de  mi  cabeza  fría  y  me  ponía  todas  esas  nubes  blanquísimas  como  adornos  de  cabeza.  y  el  cielo  estaba  como  poseído  por  esa  luz  que  aparece  cuando  el  día  está  a  punto  de  cerrar  los  ojos  y  la  noche  comienza  a  abrir  todas  sus  bocas.  ¿recuerdas  esa  sensación  de  vacío  que  nos  agarraba  ciertas  tardes?  ese  agujero  que  se  llena  de  niebla,  y  que  es  como  si  arrastrara  todas  las  muertes  del  día,  todos  los  besos,  todas  las  despedidas.</p>
<p>Ayer  pensé  que  el  cielo  se  enamoraba  de  mí.  Y  que  yo  empezaba  a  enamorarme  de  ti.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Mujer en agua</title>
		<link>http://www.derivas.net/mujer-en-agua/</link>
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		<pubDate>Sun, 17 Feb 2008 04:00:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana María Díaz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cursi]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Todo comienza, todo termina, todo comienza, todo termina, todo comienza, todo termina&#8230;
allá
en las formas
allá
se involucran los sentidos, que no poseo.
No tengo lugar,
soy una fría estatua de marfil,
soy
 sin tiempo: 
no puedo terminar porque nunca comencé, no puedo terminar porque nunca comencé, no puedo terminar porque nunca comencé, no puedo&#8230;
acá solo he alcanzado a percibir todo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todo comienza, todo termina, todo comienza, todo termina, todo comienza, todo termina&#8230;<br />
allá<br />
en las formas<br />
allá<br />
se involucran los sentidos, que no poseo.</p>
<p>No tengo lugar,<br />
soy una fría estatua de marfil,<br />
soy<br />
<span class="sangrar"> sin tiempo: </span><br />
no puedo terminar porque nunca comencé, no puedo terminar porque nunca comencé, no puedo terminar porque nunca comencé, no puedo&#8230;</p>
<p>acá solo he alcanzado a percibir todo lo que comienza y termina, todo lo que comienza y termina, todo lo que comienza y termina, todo&#8230;<br />
porque estoy acá y no allá,<br />
porque puedo alcanzar, pero no sentir,</p>
<p>porque todo, todo, todo,<br />
menos yo,<br />
comienza y termina.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Diagonales</title>
		<link>http://www.derivas.net/diagonales/</link>
		<comments>http://www.derivas.net/diagonales/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 17 Feb 2008 12:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mara Pastor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cursi]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[diagonales]]></category>
		<category><![CDATA[escaleras]]></category>
		<category><![CDATA[lluvia]]></category>

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		<description><![CDATA[Con zapatos que estuvieron secos hasta entonces,
salíamos de una mesa sin trucos,
cuando los demás se fueron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/06/escaleras1.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-533" title="escaleras1" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/06/escaleras1.jpg" alt="" width="433" height="325" /></a><span class="epigrafe"><em></em></span></p>
<p><span class="epigrafe"><em>un mal entendido casi es la realidad</em></span><em><br />
<span class="epigrafe">cuando uno no conoce el hielo rayado de</span><br />
<span class="epigrafe">las cosas</span></em><br />
<span class="epigrafe"><span class="smallcaps">Rafael Acevedo</span></span></p>
<p>Con zapatos que estuvieron secos hasta entonces,<br />
salíamos de una mesa sin trucos,<br />
cuando los demás se fueron<br />
{Algo comiste con anchoas,<br />
y no te dije lo mal que las hospedo<br />
entre ingredientes para amores,<br />
pero en tu orden eran las más bellas<br />
presas de un triángulo extranjero}</p>
<p>Y los transportes que siempre nos llevan<br />
a otras partes,<br />
que no adonde queremos,<br />
nos rodearon en un cuadrilátero de lluvia<br />
inofensivo,<br />
como la caricia que nos damos<br />
cuando nos apiadamos de nuestros miedos</p>
<p>Bocinazos hubo,<br />
por fe,<br />
pienso,<br />
aunque no los recuerdo,<br />
porque el tiempo dejó migajas de pan<br />
para el camino de vuelta<br />
y se las comieron los turistas</p>
<p>Algo se inundaba,<br />
sino  todo,<br />
lo que nos refugiaba<br />
al pie de la escalera</p>
<p>Desde entonces, decir llovizna<br />
es decir ojos pegados a la sal,<br />
ganas pegadas a la acera,<br />
cera pegada al cuerpo apresurado</p>
<p>Escaleras hubo<br />
dos escalones,<br />
creo,<br />
aquel día bañado en aguacero</p>
<p>Escaleras subimos para desnudar persianas,<br />
al final del pasillo donde duermo,<br />
aunque no pueda</p>
<p>Escaleras,<br />
uf,<br />
escaleras,<br />
uf,<br />
escaleras</p>
]]></content:encoded>
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		<title>(sin título)</title>
		<link>http://www.derivas.net/sin-titulo/</link>
		<comments>http://www.derivas.net/sin-titulo/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 17 Feb 2008 20:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alleya I. Rodríguez Vázquez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cursi]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[
Huevo mundo
Veinte eslabones muy juntos
suspirando por piernitas rosadas
veinte países árticos
clamando derecho a los puñitos cerrados
veinte agujas prendidas
del chupeteo balbuceo
(oh so cute)
enquistándose en puntadas
cordones sangrantes
en punto de cruz.
Veinte isletas
pobladas de composta
y piedras de sal.
Veinte huevos
en veinte huevos
en veinte huevos.
Huevo mundo II
Dilata el ojo centro
anclado en recuerdo amniótico:
Huevo en huevo
desgranado entre las grietas
(filo doble del minutero)
Veinte espadas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/nube1.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-647" title="nube1" src="http://www.derivas.net/wp-content/uploads/2008/08/nube1.jpg" alt="" width="360" height="270" /></a></p>
<p>Huevo mundo<br />
Veinte eslabones muy juntos<br />
suspirando por piernitas rosadas<br />
veinte países árticos<br />
clamando derecho a los puñitos cerrados<br />
veinte agujas prendidas<br />
del chupeteo balbuceo</p>
<p>(oh so cute)</p>
<p>enquistándose en puntadas<br />
cordones sangrantes<br />
en punto de cruz.</p>
<p>Veinte isletas<br />
pobladas de composta<br />
y piedras de sal.<br />
Veinte huevos<br />
en veinte huevos<br />
en veinte huevos.</p>
<p>Huevo mundo II<br />
Dilata el ojo centro<br />
anclado en recuerdo amniótico:<br />
Huevo en huevo<br />
desgranado entre las grietas</p>
<p>(filo doble del minutero)</p>
<p>Veinte espadas clavadas en tierra.<br />
Cuarenta pendones esféricos.<br />
Sesenta caballos azules<br />
umbilicados en el desierto.</p>
<p>Desborda el veinte con puros ceros.<br />
Ojo huso cartesiano<br />
en veinte huevos.<br />
En veinte huevos.</p>
]]></content:encoded>
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