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I feel like I’m growing houses

La casa se me multiplicó. Como aquella isla repetida, encontré úteros maternos esparcidos por toda la tierra. No sé si ocurrió en el tiempo del sueño, cuando mis ojos olvidaron la puerta de la luz, o si fue mi propia vigilia y su movimiento infinito lo que me hinchó de casas. Mi cuerpo se amistó con cada rincón, con cada brazo y cada pierna que rozó mi humanidad. Y entonces pude recordar. Los besos tardíos como soles madrileños. Los abrazos anchos y felices en donde cobijé mi ira convertida en canción. Tu risa aupada en mi frente, volando en los infiernos de aquel tren equivocado. Nos acomodamos a aquella tierra, a aquella barra, a aquella casa tan nuestra que nunca fue tuya ni mía, a ese aire seco, aire muerto que nunca sopló, vientos inventados que movían tu cabello y secaban mis labios. Un lugar que nunca fue, y nosotros dos, más vivos que nunca. Nos metimos por el pequeño ombligo del amor y encontramos la risa. La carcajada infinita y silente que reposa oscura en tus ojos tan claros. Inventamos la ruta y nos inventamos a los amigos, los más fieles que tuvimos. Los días se hicieron tan largos que no pudimos precisar el fin. Y justo en el día en que mi cuerpo se instaló en la rutina de su plenitud, el viaje terminó. Los ojos se me cayeron como dos pequeñas gotas, y tú empezaste a morirte, poco a poco.

Escada

Pa abuelita, desde este lado

Más que nada las escaleras, esas maneras inútiles de llegar a los terminales que supuran algún otro pretexto que no sea el cadáver… cuerpo-epidermis-casa-recipiente… más que nada moldes para alentar las alas, alar las palabras, las canciones, los recuerdos; hacer del polvo alguna cosa concreta que se salpique, no de llanto, nunca salina. Más que nada la intuición de olvidar la carne, enterrar la carne, saturar los ojos de la espera eufónica: esos ecos que remiten a voces que se acumulan en los oídos cuando se le cantan nanas y se acunan. Esos recuerdos de las faldas, las únicas túnicas que se hacen cama, cuando ya no quedan huecos para refugiarse. Más que nada re-frasear los nombres, claudicar las esquinas que remitan aquellos olores del polvo; desde el polvo decir que no existen adjetivos, que más que nada el verbo y alguno que otro latido es lo que nos mantiene carne…

(annus)vertere

“¿y qué haremos con tanta ceniza?”

Retazos de ti en los ceniceros
como hablando desde el humo…
Tiñendo mis dedos
tratando de agarrar las hilachas
que quedaron
después de la canibalia,
el juego de versos,
aquellas lágrimas…
Se sustentan de las lagañas
algunas imágenes
de nuestros encaracolados espejos
devotos a devorarse entre sí
(con reparos)
y es que nos costó eclipses
y algunos relevos ajenos de rabia
el retornar al espacio del olvido
ilesas

sin habernos rasguñado la coraza
del cortejo poético
que nos seguía, lúgubre,
en todos los pasos…
Es que nos costó coser labios,
enterrar declaraciones,
sublevar retornos
pa’ no tropezar con las mismas hilachas,
estiradas de pupila a pupila,
revelándonos…