Revival criollo de Ezra Pound en la categoría (anti)despojo

I have forgotten which city
But the caverns are less enchanting to the unskilled explorer
than the Urochs as shown in the postals,
we will see those roads again, question,
possibly
but nothing appears less likely,
Mme Pujol,
and there was a smell of mint under the tent flaps
especially after the rain
Pound, Ezra. The Pisan Cantos. Versículos del 113 al 121 de la edición de Richard Sieburth.

No sé si prefiera la advertencia de Mara o el estoicismo de Luis Othoniel. Entre el melodrama contenido, pero melodramático de fondo, y la crueldad disimulante de la nostalgia contenida, también, estoy perdido. Yo dormí esta tarde, después de un largo día en mi casa de recuerdos –por eso ahora estoy despierto. Esa casa, construida por mi abuelo con la ayuda de los macharranes del barrio Mameyes de Río Grande, encierra lo peor y lo mejor de mí. Mi abuela, que murió en enero, reservaba para el baño una plaquita que todavía lee así: “Dichosos son los huéspedes por la alegría que nos dan el día que se van”. Su palabra tajante siempre marcaba las distancias. Me imagino que Mara se siente huésped santurcina, al igual que yo, que nací como persona en un apartamentito justo en la calle más próxima a la de ella, la del cine Paramount; la Duffaut. Luis Othoniel la invita al futurismo poético de los italianos desalmados, ese discurso río hombre local transformado en máquina-pala-mecánica de la verticalidad del proyecto estudiantil boricua en el extranjero. Aún no me decido. Quisiera preguntarle a Mayra Montero cómo lo hace, escribir más acá o más allá de las buenas y las malas intenciones. Voy a una glosa española del Corán, esa otra palabra descendida de los cielos, y a Ezra Pound, los dos libros de mesita de noche que estoy leyendo (el problema aquí no son los libros, es que no tengo mesita de noche). Voy a las últimas palabras de Brian en la disco durante el último capítulo de Queer as Folk, transmitido hoy por Showtime. Voy al entierro de Nate, protagonista de Six Feet Under, que escogió ser enterrado -sin ataúd- directamente en el hoyo. No fue fácil, la familia completa de esta serie de HBO tuvo que regresar a esa escena nevada de la película Amadeus en que los funcionarios gubernamentales de Salzburgo lanzaron a Mozart en una fosa común (el destino de la zeta). Es domingo, mis pensamientos han sido publicados hoy en varios medios de comunicación, una amiga parte al monasterio de Notre Dame, mi marido Juan acaba de regresar de Nueva York luego de una semana reportando sobre cómo los modistos del patio compran sus telas en el Garment District de Nueva York y estas cuestiones me llevan al olor de la carretera mojada y las hierbas de menta que no he olido yo sino un fascista tan cabal -y preso en la ciudad de Pisa- como Ezra. De camino de Río Grande a San Juan por la 65 de Infantería pre corredor de El Yunque, hice una parada en el supermercado Amigo. Mi hermano se antojó de entablar una conversación con el carnicero del vecindario que culminó en la adquisición de dos libras de carne molida. Todo esto lo recuerdo con claridad, lo tengo presente en estos momentos en que escribo. Sin embargo, aún no comprendo la utilidad del recuento. Ahora, sí sé que revival siempre me ha parecido una grafía bastarda mucho más estimulante que despojo, así, escrita tal y como la tengo en la memoria: a secas.

Un pensamiento sobre “Revival criollo de Ezra Pound en la categoría (anti)despojo”

  1. no me gustan los futuristas italianos. No porque sean un poco nazis sino porque son optimistas. Me gusta mucho más tu indecisión. Sobretodo porque parece una droga suave que estimula la inercia. ¿Qué otra cosa se puede hacer de SJ a Río Grande?

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