Rasquiña o una declaración muda del miconazole nitrate

Te pica. No te atreves a decirle que te pica y te inventas razones para que no estén juntos esta noche, sin decirle que la tienes en carne viva y que quizás ha sido su culpa. ¿Cómo se hace eso? ¿Le preguntas, o le notificas?

Puedes inventar un diálogo para motivarlo a discutir las razones. Puedes mencionar someramente un comentario sobre la variedad de bacterias en el medioambiente y cómo éstas viajan y se depositan en lugares tales como la boca, las manos, algunas partes del cuerpo. Esa es la oportunidad para decirle que se transmiten, que rotan, que mutan sin seguir un patrón acertado, sin dejarse regir por ningún logaritmo lógico. Se comportan como infantes y tienen lugares favoritos de permanencia temporal. Poseen gustos propios; es tan natural como comerse unos casquitos de guayaba con cottage cheese. Cottage cheese precisamente. Y mientras permanecen temporalmente en ése, su lugar favorito, pican. Dan rasquiña.

A lo mejor te funciona poner la cajita de Monistat en algún lugar visible, o frotarte los muslos en su presencia, para que vea el efecto de la comezón tan desquiciante que se te aglutina. O quizás, si te metes la mano adentro del panty sin el menor pudor y te rascas, puede que él se de cuenta y entienda el mensaje. ¿Le achacas la responsabilidad a él? ¿Estás dispuesta a que te mire con cara de asco y hasta que te exija?

Es probable que ignore el suceso, y que a pesar de tu incómoda piquiña, siga con los planes románticos para esta noche. Quién sabe, así es la vida, y al final de cuentas él es hombre.

4 pensamientos sobre “Rasquiña o una declaración muda del miconazole nitrate”

  1. He conocido muy pocos hombres que confiesen que tienen algo en sus penes. Tal vez por miedo a que les digan que se les va a caer. Ya sabes, hay toda una adoración al falo, un hálito de poderío inmenso. Y es cierto lo que dices, muchas veces los hombres no se percatan de ciertas cosas y otras tantas aunque les digas tardan en entender. ¿Porqué sentimos miedo de decir la verdad y espantar un poco sus falos?
    Ahora una parábola, Muchas lunas atrás salía con un chico de creencia pentecostal que juraba que nunca había ido a un motel y cuando fue se quedó fascinado con la bola de colores de la discotequita. Pues resulta que cada vez que fornicaba, y lo hacía con frecuencia, se sentía pecador y le entraban unas cargas inmensas. Cierto día le empezó a arder el pipi pero se quedó callado pero el ardor continuó y pensando que ese era un castigo divino imaginó mil enfermedades, sifilis, gonorrea, sida o alguna otra inventada sólo para él. Fue al urólogo y confesó compungido que había pecado, que el sabía que era incorrecto pero le gustaba demasiado la bola de colores del motel. El urólogo, lo miró paternalmente y sonriendo le dijo: Hijo, tu lo que tienes es infección de orina.

  2. Tanto que hemos defendido nuestros derechos y se nos ha olvidado reclamar la libertad de rascarnos donde y cuando nos dé la gana. Es obvio que los hombres no tienen esa restricción. No sólo se rascan, se acomodan y se toquetean, y una se queda con la opción de mirar para otro lado. Tanto que nos preocupamos por no ser obvias; como si a las mujeres no les picara. Es como decir que vamos al baño y huele a rosas. Lo triste es que muchas veces lo que escuchamos es la voz de las mujeres en nuestro pasado que nos decían “las nenas no se tocan ahí.” Al menos a mi, hasta ahora, ningún hombre me ha dicho “no te toques ahí.” Me da con pensar que muchos hombres – si nos atreviéramos a ser libres – sólo se quedarían lelos y otros, los más arriesgados, nos dirían “¿te ayudo con la lengüita?” Después de todo, como dices tú, mi marida, la gran mayoría de las veces, nos pica por su culpa.

  3. Yolanda, no es cuestión de que el hombre mande en el sexo o no. Un hombre al que no le puedes decir lo que tienes no vale tanto la pena (yo, aquí, la rompematrimonios). Y un hombre que quiere aunque le digas que estás enferma es un cabrón. En ese caso, será un cabrón con hongo vaginal, porque para el desconocimiento de la mayoría de los hombres, al hongo vaginal sólo le dicen vaginal cuando está en la vagina; en realidad puede salir en cualquier parte que entre en contacto con esa vagina, y lo peor es que al principio puede no causar síntomas y re-pegárselo a la mujer cuando a ella ya se le ha curado. O puede sí tener síntomas y darles a ellos las peores piquiñas que jamás hayan experimentado por el hoyito pa’dentro. (La diferencia es que a nosotras sí nos cabe el dedo pa’ rascarnos.) Si ya hubo contacto, el tipo también va a tener que untarse Monistat. En serio.

    Si no me crees, has research en el Internet, lo imprimes y lo pegas en el espejo del baño.

  4. Avemaría, es cierto,pero más es cierto de los hombres heterosexuales, y creo que de ello pueden dar fe, nada más tienen que mirar el anuncio de pick-ups Toyota en el cine, o leer la primera plana del Nuevo Día de hace dos domingos.

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