Ráfaga de poemas, Mara Pastor y la noche aquella

Amas a lo poeta,
sueñas con hormigas en francés
Sátiro,
te libras de todo
con los chistes de una noche de verano
Mara Pastor, Alabalacera (enero de 2006, San Juan, Puerto Rico)

La diva estructuralista vive en la playa del Condado –de noche– y sueña con parajes nevados en el extranjero, con bibliotecas llenas de manuscritos de diarios que nadie ha abierto por descuido y por desidia. Es la lentitud y la torpeza de las sanguijuelas literarias. Me invita a pasar a sus aposentos de humo, inhalo, me la meto toda porque no me da con lo que tengo y bebo agua. Al fondo del pasillo hay una pintura que la retrata roja, desnuda, con los vellos negros, y está la imagen del dios Goofie del Gufeo en el espejo, velándola. Bajamos a la placita de La Perla del Gran Precio y se le cae un bolígrafo de la cartera. La pluma fuente derrama tinta roja también, es la madre de todos los escalpelos. Corta fino las postas poéticas. Teje heridas, porque ella cose, son las rutinas del hogar de las mujeres. Nos despedimos y la vuelvo a ver alejándose, pero esta vez le sale al encuentro un poeta nacional incomprendido. Que la quiere. Junto a ellos van dos o tres más empinando el codo, Yara T. y Guille R. bebiendo chichaítos dos por uno. Ella se aparta de la ceremonia de las empinaciones. Le teme a las alturas. Se coloca de cuclillas y chicha con su dedo entintado en la sangre artificial que era perfume. La hermana de la India me lo dijo, esa muchacha es narcisista y masturmatrix, sobre todo, se le agudizó la condición desde que papi la dejó sola en la biblioteca. No le creí, pasaron uno dos tres cuatro gatos. Foto. Reflejaron las escenas dionisíacas en sus pupilas amarillas. Foto. Aquel raspe, aquella vena que brotaba de sus sienes, era idéntica al coraje de mamita Aurea. De repente al tatuador se le salieron todas las pantallas de la carnecita que le da forma a las tetillas. Lo de la carnecita es un plagio de Yara. Al malabarista se le fue el balance. La diva de la crítica se negó a secundar la moción de refugiarnos de tanto descalabro en una disco. Eso ya era pedirles demasiado. Coño, consideren, allí había mujeres en tacas. Olvidados todos los percances y los pinchacitos de miradas de inconversos, nos dirijimos a bailar salsa al Callejón de la Capilla. Solicitamos borracheras con cerveza nacional, Amed peleaba en una esquina. Ligamos machos en la barra. Dos o tres pelús del grupo de Los Inestables vomitaban en los adoquines y la estructuralista les advertía: se los dije, so cariñitos bestiales. Un enano fumador hizo un chasquido con los dedos y aparecimos todos en el hospedaje, junto a la gringa que habla en lenguas a las dos de la madrugada y los pastores luteranos. Ya no había mucho que resolver, era muy tarde para entrar en ofertorios o salir al Seven Eleven a comprar harina de brownies. Nos colocamos a 15 manos frente a la computadora portátil y nos destrozamos los dedos blogueando. Juanca estaba en contra y protestaba. Elicoidal cedió a los reclamos de carpetas blandas. A Rubén, que estaba acurrucado encima del futón, le entró la perse. Rubén es negro y desde entonces para él los blancos y los estructuralistas fugados son agentes de la CIA. Más tarde la abrazaba, aunque la poeta (se sabe) es nívea. Al otro día, se recibieron contestaciones de Taiwán y una nota aclaratoria en las páginas amarillas de los periódicos Primera Hora, Saeta y Hogar y Construcción con la imagen de Mafalda en estola de zafiros y minifalda. Quino y Nelson dispusieron que dijera: “Pueblos del mundo: les tengo una noticia fenomenal, el libro de poemas Alabalacera, de Mara Pastor, ya está en las librerías de Río Piedras”.

3 pensamientos sobre “Ráfaga de poemas, Mara Pastor y la noche aquella”

  1. Me mató la imagen de Mara-Penélope tejedora de rotitos baleados, el verso hilado, Mara, muy importante también.

  2. “La pluma fuente derrama tinta roja también, es la madre de todos los escalpelos. Corta fino las postas poéticas. Teje heridas…”

    Repito a Axel: Genial.

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