Presente

A veces me pregunto tu nombre; por ejemplo, cuando anochece el Caribe y me deslizo en la autopista y tu voz y tus sonidos van quedando atrás. A veces me refugio en la palabra, como cuando tus ojos se anidan en mis manos y bajan la mirada, nerviosos de no ser. Otras veces trazo una ruta inconforme: una serpiente de tinta sobre tu plano insular, sobre tu rostro estático, y recorro mi invento sin vergüenza alguna, desaforado, sin respetar las señales de tránsito, que también acabo de inventar. A veces, ay, me contradigo: creo en ti y vuelvo a no creer, a veces –también– creo en mí y vuelvo a no creer.

Es momento de hacer un presente.

Sea entonces para ti mi incertidumbre; también mis balbuceos y mi propio temblor. Sea para ti esta pila de bloques amarillos (y te construiré un camino hacia Oz). Sea, pues, para ti, esta tremenda inconclusión; esta promesa de ser cristal, cuaderno tuyo, susurro tuyo, reflejo tuyo. Acaso –también y cuánto quisiera– voz y sonido tuyos (como cuando anochece el Caribe y me deslizo en la autopista y tú vas quedando atrás).

4 pensamientos sobre “Presente”

  1. Concuerdo con Luis, hay movimiento, es circular, se vuelve al atardecer (al crepúsculo que tan gastado está en la poesía), pero sin cliché, con cierta disposición a ser escrito (usualmente el poeta escribe a su amante, no al revés)…

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