Después que la tiza blanca y homicida trazó sus cuerpos en la cama sin espaldar, ella, disfrutando de su aliento, el de él, que soplaba su pezón izquierdo, le dijo: Te quiero. Él, para ganar tiempo, le buscó en las páginas amarillas el nombre del peor detective, agarró su botella de Jack Daniels y se marchó.
jejeje