Porque dije que no I

Miró en ambas direcciones. Izquierda y derecha daban igual, pero escogió la izquierda por impulso. Había un frío seco y tenue, el otoño que ya asomaba la cara en las postrimerías de mayo en busca de invadir la piel por osmosis. La ciudad se desplegaba ante sí poco a poco, como si fuese una animación fílmica que se revelaba cuadro a cuadro. Los edificios enormes, colmados de letreros y marcas particulares señalaban que aquel valle ya es propiedad única de los bancos multinacionales. Abajo, las aceras alimentaban los caprichos básicos de las estructuras regentes: lanchonetes por doquier, farmacias, puestos de revistas, vendedores ambulantes, tiendas, centros comerciales subterráneos, facultades universitarias.La gente completaba el festín visual. Iban y venían de un lado para otro, algunos conectados a sus aparatos, otros enfocados en su destino. Los automóviles hacían lo mismo en la avenida. Parecían procesiones de serpientes fragmentadas, reptiles interminables de carne y metal que nutrían la mañana de la Avenida Paulista. Sara buscaba en ese mar de caras que no conocía. Sabía que no encontraría a nadie, quizás porque no quería que alguien le identificara el rostro. Luego de la mirada superficial, se dio cuenta que ya había caminado diez cuadras. Caminaba sin parar, aunque la ciudad en todo su esplendor se abría ante ella como un abanico.

No precisaba que esto sería tan sinuoso aquel día en que le pidió a la jefa tres semanas de vacaciones.

–Me voy en mayo.

–¿Pa dónde?

–No sé, quizás Suramérica. Pero me voy.

–Te necesito en wikén de Memorial Day.

–No. O me voy en mayo, o me voy ahora mismo pa casa.

–Bueno, pero no te pongas así. ¿Estás bien?

–Pues claro que no.

–Okei. Yo firmo los papeles. Vete tranquila.

Fue la primera vez que dijo que no, y la palabra le dejó un sabor dulce en la boca. Tantos años de yo me quedo, yo lo hago, por supuesto, seguro que sí, cuánto es, yo completo, allí estaré, dalo por hecho y otras frases de lacayo le habían adormecido la lengua. Decir no le subía la adrenalina y la negación cargó el peso de toda la esperanza depositada en irse. No paso una temporada más aquí.

Caminaba en desenfreno, sin poder parar. Tres meses de planes y sólo podía caminar compulsivamente por las calles de São Paulo. ¿Qué carajo hago aquí?

3 pensamientos sobre “Porque dije que no I”

  1. Me gusta; es una de las cosas que uno se arrepiente de no haber hecho cuando era empleado de tienda. Y es como una continuación al ‘rant’ de Karina.

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