PoetasRock en la multinacional

El truco de comprar en esa gran tienda por departamentos que es la librería multinacional en Plaza cuyo nombre no quiero decir (el documental The Corporation tiene la culpa de esto último) es hacerlo como si fuese esa otra gran multinacional a quienes algunos le rinden pleitesía y en donde se encuentran logos famosos por mucho menos. No se puede llegar buscando algo, hay que ir con paciencia a leer título a título en la góndola. Entonces, de seguro se encuentra un buen libro en casi cualquier anaquel. En una ocasión, revisando la sección de textos para fisiculturistas y cultura de gimnasio, le encontré un libro de entrevistas a pescadores a una amiga antropóloga, que estaba a punto de comenzar una investigación sobre la marejada de los muertos.

La tarde de ayer encontré la AntologíaPoetasRock almacenada en la sección de textos en francés sin traducción. Desde que hago el mencionado ritual de ojear una a una cada tablilla, he descubierto ciertos trucos que aplicaré a mis futuras ediciones que colocarán desordenadamente en esta librería: el lomo llama más la atención si es negro (con letras blancas, preferiblemente). Así es éste. Mide un bolígrafo y medio de largo por aproximadamente un bolígrafo de ancho, sin las solapas abiertas. La editorial es La biblioteca del erizo.

De todo lo bueno que tiene el libro, me agrada que comience con una legitimación del género poesía-rock titulada “Hagan apuestas. Por qué la letra de rock es un género en sí”, escrito por Gustavo Álvarez Núñez.

Hace unos años, el Gufo y yo discutíamos sobre el rock. Concluimos que para que yo expandiera mis gríngolas musicales más allá del putumayo trip (en el que sigo sumergida), debía instruirme con una compilación de rockeos pedagógicos, acompañada de un librito que contenía las letras (escritas a puño) de cada una de las 22 canciones, junto a una breve explicación de qué hacía a esa canción particularmente histórica en el rock. No les aseguro ser una melómana del rock, como sí puedo serlo de la salsa por ejemplo– música que podría escuchar toda la vida, jurao– sino que lo estudio como filosofía de vida, tal como si me acercara al existencialismo de Sartre. Desde entonces soy de las roqueras pasadas por agua que se fijan bastante en la letra de las canciones. Por lo tanto, me curé con este libro, pues mi inclinación roquera me lleva directamente hacia los músicos argentinos.

Este rockero, Álvarez Núñez, hace un recuento en el prólogo sobre influencias literarias en la música. Quisiera escuchar algún día la música de un disco, que según el prologuista data de 1973, titulado Artaud, el cual marca una pauta en la historia del rock argentino. Otra buena cosa de esta antología es que los poemas de los rockeros están precedidos de breves epígrafes, en los cuales los músicos definen el género poético, funcionando en muchos casos a manera de ars. El mejor de todos, y por el cual hubiera comprado el libro aun si no me hubiera gustado nada más, es el de Andrés Calamaro: “el salmón tiene razón; el río está equivocado”.

Recomiendo a los compositores Tom Ludo y el Gabo, como dos de los mejores poetas rockeros de la selección. El libro me gustaba como para quedármelo, pero lo regalé: Por fin encontré a mi generación, debí nacer argentino, me dijo mi amigo cuando saqué de mi cartera, como de un sombrero de mago, el conejo, quiero decir, la AntologíaPoesíaRock.

Un pensamiento sobre “PoetasRock en la multinacional”

  1. Coño, debiste quedártela. Y prestármela. Tengo que desarrollar esa paciencia tan inteligente de buscar y rebuscar en los anaqueles. Es un rasgo muy propio de los estudiantes de literatura, pero la impaciencia me traiciona, los ojos se me cansan, y me dan ganas de matar gente. De verdad. Pero si puedo buscar y rebuscar en Marshalls a ver qué encuentro,(qué verguenza)por qué no hacerlo en las librerías.

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