Peluche

Había depositado las uñas y pestañas postizas en el cenicero de la mesita de noche. Se arropó con el traje todavía a medio abrir. En el apartamento contiguo tres chiquillos molían un peluche a palos. Los sonidos guturales del osito recibiendo codazos voladores la mantuvieron despierta. Se forzó a cerrar los ojos e intentó visualizar una cama frente a un abanico de piso en una planicie remota. Las sábanas comenzaron a ondular con la brisa de la visión. Sintió que hasta sus implantes bajaban la guardia y sus senos se escocotaban contentos. Pero en el momento en que una flacidez deleitosa se apoderaba de cada músculo de su cuerpo, el grito compungido del osito la despertó. Nerviosa acudió a la puerta. Al otro lado la aguardaba el peluche agonizando, con todo su relleno por fuera.

3 pensamientos sobre “Peluche”

  1. Perturbador…Requiem por un osito. A todos nos han sacado la felpa alguna vez. Pero no es eso lo interesante de tu escrito, es más bien esa cosa morbosa de lo inanimado que vive, y se muere también. La osadía de matar lo que está muerto. Rematar, a fin de que vivamos nosotros.

  2. Morbosidad plus!!! Me encanta. Es asqueroso y bien alcantarilla. Me gusto mucho. Me ha estado impresionando mcuho tu incursion en la narrativo, Guillermo. Creo que definitivamente es algo que debes perseguir.

  3. una morbosidad deliciosa, si fuera que estan matando a una persona tal vez no se inmutaba siquiera o tal vez salia cuando la persona ya tuviese la felpa roja fuera…me gusta este relato en específico

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