en ocasiones, la caída es inminente,
un kairós en delirio,
un golpe narcótico de oxígeno.
esta vez, lo preciso es no hacer nada,
ni tan siquiera pretender tambalearme.
hay que irse de lleno.
que mi espalda se quiebre
en el resquicio del desdén de la guillotina,
como un asesino al servicio de un espejo.
el cuerpo tronchado se dispersa en una muerte de luz,
holograma imberbe, preso del silencio,
un muñeco que cosió su boca con hilo de oro,
y arrodillado con bandera blanca,
ha sellado su paz.
uao,
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