Pasta de Conchos

A los mineros de San Juan de Sabinas

Minerva iba caminando por un sendero pedregoso. Ya había anochecido y tenía los ojos rojos de tanto llanto. 71 dólares con 43 centavos le ofrecieron de compensación. Entre más lo pensaba más rojos se le ponían los ojos y el pecho le quería explotar. Tal vez a Fulgencio también le habían ardido los ojos. Nunca le gustó que él fuera a Pasta de Conchos pero la necesidad apremia y había que alimentar a los hijos. Tal vez no había sufrido mucho, tal vez todavía estaba vivo, aunque dijeran que el nivel de metano era muy alto. Él le había contado que de un momento a otro algún accidente ocurriría. Así que cada mañana hacía el camino ida y vuelta, esperando el milagro. Esta noche cancelaron la búsqueda por unos días. Ella sólo quería que se lo devolvieran. Al llegar a su casa los hijos no se atrevieron a preguntar por el padre. Los alimentó con lo que pudo y los acostó a dormir, les dio un beso a cada uno y les dijo, “Fulgencio, valía más que 71 pinches dólares, eso es lo que ellos nunca van a entender”.

2 pensamientos sobre “Pasta de Conchos”

  1. Me gustó. a ella me la imaginé con el pelo suelto, lacio y con unas cuantas canas, sin trenzas porque cuando salió no le dio el tiempo de hacerselas. ahora lo voy a leer denuevo,

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