paseos

Dina maldice y da con los puños sobre el volante, sobre el dash. Gira un poco el torso a la izquierda y golpea también el cristal de la ventana que queda de su lado. Echo la cabeza hacia atrás y trato de mover los hombros intentando no hallar ninguna lesión fatídica. Me duele el cuello y a través del parabrisas veo aún los vehículos transitando alrededor nuestro, la gente corriendo, la lluvia escampando. Me duele y casi empiezo a sentir el entumecimiento de los brazos. Ha sido por la presión que hice con las muñecas queriendo evitar el choque. La mandíbula también me duele por lo mismo. Dina sangra en la frente y un cachete. Se ha mordido un labio sin querer en medio del accidente.

La radio nunca dejó de escucharse, ni siquiera con el impacto. Ahora se oye detrás de los gritos de Dina. Comienza a oírse el anuncio del boletín que da cuenta del tráfico vehicular. El locutor informa su noticia de última hora: ojo al inesperado y pesado flujo de vehículos en la intersección. Dice el locutor que la policía ya se acerca al lugar de los hechos. Aconseja que quienes puedan, tomen rutas alternas para evitar congestionar más la vía de rodaje. Aconseja a la ciudadanía que tenga paciencia, ya que el accidente ha sido de carácter fatal. Exhorta a no hacer uso indebido del paseo.

El cuello me molesta y los brazos me pesan. Dina ya no habla y se abraza al guía. Trato de asomar la mirada hacia afuera, hacia el cuerpo tirado en el pavimento, hacia los tenis blancos y el ipod hecho trizas, hacia el firmamento nublado que bailotea y que parece querer despejarse, hacia los pedazos de metal del auto en el suelo, hacia el poste. Dina ya no se mueve.

3 pensamientos sobre “paseos”

  1. Saludos Yolanda. Me gusta este texto mucho y la atmósfera que se crea con la foto. Solamente señalo dos cosas: la palabra bailotea al final, no sé, me sacó del registro, es inevitable en estos días no asociar el bailoteo con el reggaetón (Digo, a menos que no sea esa la música del ipod roto, y si lo es perdón). Lo segundo es que la línea que cierra no me hace falta. Dina en algún momento dejó de hablar mientras se abrazaba al guía, desde ahí sentí que la perdí, que se iba, que pronto dejaría de moverse. Confirmarlo al final es como cancelar la imaginación del lector. Nada. Me gustó mucho. Chao

  2. Yola! ya estaba pensado que un tampón te había succionado o que estabas en algún lugar alto como los Andes o el Hymalayas (donde dicen que por la altura las mujeres no menstruan tan frecuantemente) que bueno saber que se descarta lo primero y esa foto, good, me gustó más que el cuento.

    PD.
    Ea! eso sonó mal, no que el cuento fuera malo, no, no, no, es que la foto está buena, sí sí, sí.

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