(Paréntesis primero: de viaje)

Experiencia parece siempre determinarse por la facultad del estar. Por la capacidad de confirmar y afirmar la indisputable opacidad de un evento. De presenciar y de absorber presencias.

Hoy, treinta de abril, es Koniginnedag en Holanda, el día del cumpleaños de la reina (Wilhelmina, con todo rigor, que no Beatrix, la reina actual). El día más esperado de todo el año, donde la ciudad entera se vierte en calles y canales repletos de gente en la apoteosis de la extravagancia. Mares de gente y de anaranjado que convierten la ciudad en un espacio agobiante y verdaderamente intransitable. Se vierte la ciudad y se vierte la gente y la basura y la cerveza por todas sus calles. La parafernalia más empecinadamente conspicua (anaranjado –de la casa de Orange; rojo, azul y blanco –de la bandera nacional) se vende con anticipación al evento para acentuar la determinación de su ineludible presencia. Caravanas interminables de botes con los espectáculos más estrafalarios rellenan los pocos hiatos de presencia que comúnmente le quedarían a la ciudad, haciendo del agua otra tarima más al servicio de un acto de presencia absoluto. No hay términos medios: quien no se quiere rendir al evento se queda en casa o escapa con anticipación. Ni la regularidad persistente del capital opone resistencia; o juega con las reglas del día –vertiéndose en la calle con música, parafernalia y mercancía– o se suspende hasta nuevo aviso. Es un día también de venta de hasta los últimos recursos. Semanas antes del evento dueños de negocios y ciudadanos cualquiera demarcan parchos de calles y acera para asegurarse un espacio de venta. Para verterse con lo que haya o lo que sobre; con lo que quede y con todo de lo que uno nunca se puede deshacer. Y lo que no se vende, se queda en la calle.

Esta vez decidí quedarme en casa. Por aversión como por necesidad. Quería también probar mi indiferencia a una presencia absoluta. Probar la experiencia de no estar.

Un pensamiento sobre “(Paréntesis primero: de viaje)”

  1. qué cosa. es la sensación que he tenido todo este tiempo aquí. la de no presenciar, la de no ser parte de. y debo decir…ha sido una gran idea. después de todo la experiencia, según Benjamin tiene que ver más con la lejanía que con la inmediatez de la presencia. me encanta tu primer párrafo. Y tu fuerza de voluntad (llámese miedo, valentía o indiferencia) de quedarte en casa. Es tu pequeña maldad. Que no se entere la reina.

    margarita

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *