Paradojas del no ser

La proximidad es una diferencia, es una no-coincidencia, es una arritmia en el tiempo.
The latent birth of the subject occurs in an obligation were no commitment was made. It is a fraternity or complicity for nothing…without finality and without end.
Emmanuel Lévinas, Otherwise than being

La urgencia del abrazo, el deseo inconmensurable de un beso, el capricho de juntar mi piel con otra. Todos claros indicios de mi humanidad. Todos, síntomas de la carne que auguran mi vulnerabilidad. Y todos asociados equívocamente al principio natural de la individuación, al egoísmo, al “primero yo, después tú”. Toda la vida creyendo que aprendemos a desaprender nuestra naturaleza humana (esa que sólo busca su bienestar), sin saber, sin sospechar acaso que vivimos por el Otro y para el Otro.

Difícil asimilar tanta bondad, tanto desprendimiento, tanto deseo de dar sin esperar nada a cambio. Difícil porque hemos aprendido a forzar ese impulso de vivir para el Otro. Difícil porque hemos cubierto de disfraces ese gesto primigenio de tender la mano, aún sin saber de quién son los otros dedos que se extienden en pos de mí. Este gesto, este nacimiento del sujeto que soy, queda exento de cualquier reclamo de reciprocidad. “Hoy por ti, mañana por mí”, nunca más. El otro no me tiene que pagar, él hace suficiente con corroborar mi existencia al concederme el privilegio de ser. Existo… soy por la extrema precariedad de mi yo necesitado del otro. Y su necesidad no es una reflexión sobre la conveniencia, sino que nace del amor. Lo ama porque no conoce otra forma de ser. Porque su definición más acabada se encuentra en otros ojos, en otro cuerpo, en otra boca. Camino para llegar al Otro, escribo para que me lea el Otro, abro los ojos para mirar al Otro. Soy por el Otro y para el Otro.

Anoche me desperté y estaba sola. Aún en ese espacio tan amado de mi cuerpo, ese lugar recóndito en donde más nadie puede llegar, mi significado se recuesta en él. Lo que soy está en sus manos, enterrado en su pecho, perdido entre su pelo, y nazco del rastro que me dejaron sus vapores. Soy por esa extraña complicidad, enemiga de mi soledad que delata a cada segundo la obligación a la que estoy sujeta por ser suya y no mía. Soy en el ejercicio eterno del recuerdo, en el pasaje laberíntico de mi memoria. Aún cuando su cuerpo descansa en otro lecho, lo evoco para saberme viva. No porque sea él, sino porque él es ese otro por quien respiro.

Mi amigo no lo es más. Me ha traicionado. Mi amante se ha ido y me ha dejado. Y aún en el retraimiento que guarda la forma del odio, no puedo darle la espalda al Otro. Más bien corro buscando noticias de ese que se fue, deseándole la muerte porque le deseo larga vida. Corro también en pos de Otro que no es el mismo pero que sigue siendo otro, mi única salvación, lo único que me vincula con ese otro modo que ser que necesito para aprehender ese otro modo que ser.

4 pensamientos sobre “Paradojas del no ser”

  1. Qué mucho me gusta todo esto. Es que no vale la pena desnudarnos porque nunca nos arrancamos los pedazos de piel que se nos quedan pegados. Y que no se vayan, que me recuerden que viví, que estuve allí, que no lo pase de largo. Me gusto eso de desearle la muerte porque le deseamos larga vida. Amén. Me gusta, tocaya, me gusta.

  2. Muy hermoso, Margara, como siempre, aunque mi elogio este destinado a tu silencio absoluto.

    Siempre he pensado que no vale la pena hacer NADA si no me consume un poco, asi que, como tal vez presiento que haces tu, me cedo completa en cada empresa. Hay que dejarse ir, aunque sea solo para recogerse en pedazos al final.

    Soy adicta a las emociones fuertes, cultivo un buen amante, un buen amigo, solo por el hecho de sentir algo. Asi que sufro como no tienes idea, y gozo tambien, porque ese dolor es para mi como una muerte diminuta, que me lanza contra la pared, me parte el labio y me invita a besarlo una vez mas.

    En par de anhos de amores terribles, algunos seres humanos incluidos, me he dado cuenta que los llevo a cuestas, son amores postergados que me pesan. Son mi carga deliciosa. Y no me arrepiento de nada, nunca.

  3. Mira Raquel, para que veas que mis silencios no son tan absolutos, extiendo mis dedos para acariciar tu elogio. Me gustan tus reacciones (y porque te he visto reaccionarle a los demas)que pecan de honestas y agudas. Asi que, te gusta vivir para el Otro y por el Otro? Ya lo sabia…me fijo en esas cosas. Gracias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *