Para perder la virginidad bloguiana y otras pasiones

Tengo dos grandes amores: mi gata Frida Sofía y el periodismo. Estoy enamorada de mi gata, Frida Sofía, una gata sata siamesa caribeña con ínfulas de ser humano. Sé que algún moralista de esos que disfruto tanto añadirá a mi lista de pecadillos el bestialismo. Pero no, sencillamente amo a mi gata, es más costo-efectivo y práctico tener una gata que un hijo. Frida también tiene sus compulsiones, le gusta mirar por la ventana y ligarse a unos guacamayos salvajes que hay cerca de mi casa y se la pasan gruñendo… Debe ser que quiere escaparse. El resto del tiempo lo pasa acostada junto a su amante vibrador, el abanico. Frida tiene patologías muy extrañas, disfruta torturando cucarachas, escondiendo mis medias bajo la cama y no le gustan ni otros gatos ni los perros. Aunque debo aceptar que ya está en la etapa “no me importa” respecto a Dante, un perro con déficit de atención que vive en mi edificio y ahora lo ignora como si no existiera. Al menos ya no lo araña, como al comienzo de su idilio.

Mi segundo gran amor, es el periodismo. Mi vida gira en torno a él. Desde que me levanto estoy pegada a las noticias… WKAQ Radio Reloj es de las primeras cosas que escucho en el día. Me leo el periódico antes de las siete y cada momentito que tengo durante el día busco trabajo como periodista en los Estados Unidos. Sí, soy una periodista cuya columna diaria es enviar resumés a cuanto medio hispano hay en Estados Unidos. ¿Por qué no los envío a medios aquí? Porque aquí para entrar te tiene que recomendar alguien que te conozca. Y yo sólo conozco bien a una periodista, a mí misma. Para mí el periodismo es casi todo, el resto es chocolate para el síndrome premenstrual. Si escucho unas sirenas, pienso en noticia; si pasa algo pienso en leads, en enfoques distintos, si hay caos en el mundo, yo me muero por estar allí para contarlo. Soy de las de Susan, que cuando viene un huracán nos emocionamos y queremos estar trepás en el caza huracanes. Mi papá diría que soy novelera. Yo sólo puedo decir que me apasiona mucho poder narrar, que es lo que podría hacer toda la vida sin cansarme, 15-20 horas diarias. Reconozco que no haberlo logrado aún me desespera muchas veces. Me he prometido a mí misma que si no soy periodista antes de los treinta me pego un tiro, pero al día siguiente vuelvo a buscar. Sé que en algún momento lo lograré y ese día, cuando tenga a mis entrevistados enfrente les preguntaré de todo menos la perogrullada Si tuvieses la vida de frente, qué le pedirías.

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