País de ovejas

La huelga de los camioneros. . . Una vez más comprobamos que como pueblo, somos ovejas. Inundamos las gasolineras para llenar nuestros tanques, cuando por lo general dejamos que estemos a menos de un cuarto para volver a la gasolinera y echarle diez dólares. Todo por temor de quedarnos sin gasolina para el fin de semana.

¿Qué pasaba por nuestras mentes ese día? ¿Ahorrar gasolina? No… Almacenarla. Queríamos poder decir, “yo tengo gasolina”. Si tenías al menos medio tanque e hiciste una fila de dos horas, pues, ¡felicidades! Gracias por contribuir a la histeria. Podemos culpar a los camioneros, pero en verdad, la culpa la tenemos nosotros.

Pero aclaro, los camioneros no están exentos de culpa aquí. Defiendo su derecho a protestar, pero ¿por qué la necesidad de intervenir con la vida de los demás ciudadanos? Si quieren protestar, hagan un piquete frente al Capitolio o la Fortaleza. Nos toca una de estas huelgas al menos dos veces al año. Créanme que no están ganando la simpatía del pueblo con sus abusos. Digo, hablo por mí. . . Si usted pensó, “Bendito, pobres camioneros” durante este fin de semana, pues deje de leer ahora mismo. No vamos a encontrar ningún punto donde estaremos de acuerdo. Gracias por venir.

Pero es más fácil para ellos usarnos como rehenes. ¿Qué les pasa? ¿Los precios han subido y los sueldos se quedaron igual? Bienvenidos a la realidad. Eso nos pasa a todos. Según esa lógica, todo trabajador debe irse en huelga. ¿Y qué resolvieron? Nada. Todo va a vistas y me atrevo a apostar que a los líderes sindicales se les dio alguna suma de dinero para terminar con la huelga.

Los medios dirán que hablaron y bla, bla, bla… pero no les crea a los medios. Por lo menos cuestione lo que vea, oiga y lea. Los medios también cobran parte de la culpa aquí. Pero es de esperarse de un negocio donde el objetivo es ganar dinero vendiendo anuncios. El compromiso no es difundir la noticia. Es vender espacios para anuncios. Si no, no habría pausas para comerciales durante esa hora. Y no hay nada malo con ganar dinero, pero si hay un problema cuando nos hacen creer que ése no es el propósito.

Pero al final de todo, la culpa es nuestra. Esperamos que el gobierno nos resuelva todo mientras lo vemos por televisión. No tenemos un compromiso social. No evolucionamos. A veces parece que vamos al revés con esto de la evolución. De aquí a mil años tendremos los ojos gigantescos para ver televisión y la mente vacía para que algunos pocos hagan lo que quieran con nosotros.

Nos vemos en el rebaño.

3 pensamientos sobre “País de ovejas”

  1. Hay una sensación generalizada de nostalgia por el perfecto funcionamiento de los relojes suizos. Los procesos políticos son máquinas del desorden y la paz de los burgueses siempre queda desestabilizada. La mayoría demócrata, defensora de los derechos de los trabajadores, firmante invisible de los convenios colectivos y aprovechada de la retórica del derecho para todos queda morúpida ante la afrenta de los anarquistas. Las ovejas se transforman en lobos esteparios en busca de gasolina no porque estén enajenadas o vainas por el estilo de ir como corderitos al matadero, sino porque tienen que moverse y resolver sus diligencias de lado a lado. La prensa, ese zafacón que carga con todas las culpas, también es blanco de ataque a pesar de que la mayoría demócrata entiende que hay que garantizar la libertad de palabra. De nuevo, se asume la paz de los sepulcros y la ingenuidad de las masas que, dito sea Dios, leen el periódico como si fueran bestias. Resultado: los camioneros y la prensa nos llevan a la deriva. ¿No será que nuestra dependencia absuluta del petróleo y nuestra incapacidad riquitilla de urbanización cerrada no nos deja poner el dedo en la llaga? La llaga abierta, que a veces se intenta curar con tintura violeta y que ahora se prende en fuego gracias a un chorro de diesel, lo único que quedaba en los tanques de las gasolineras. Lo que pasa en Irak, ¿qué tiene que ver con los periódicos y los camioneros?

  2. Sucede que esa “dependencia absoluta del petróleo” se nos ha pegado en el ADN criollo, Manuel. Lamentablemente, no solamente en el boricua. Es algo más universal, que ha afectado a varios millones de homínidos mapamundieros en nuestros días. ¿Y ahora cómo la despegamos? ¿Con qué cambios? ¿Usando qué mecanismos? Sea que los medios, los camioneros, los dueños de gasolina y hasta los que se quedaron en sus casas sin fomentar a la crisis intenten un cambio radical de conciencia social, ¿cuándo empieza? ¿por dónde? ¿Evolucionar? Las especies hacen milenios que no evolucionan; los saltos evolutivos, si es que se han dado, han tardado sus varios siglos de ejecución. No podemos esperar que a los descendientes del “astralopitecus” les vaya distinto. Comprendo tu indignación, Borges y concuerdo en que “al final de todo, la culpa es [toda] nuestra.” Y mucho me temo que continuará siéndolo.

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