Otro poema urgente de domingo

reconciliemos el uso automático de las mayúsculas
con el retozo sin guardas en tu colchón dominical
el frenesí de mi baile con tu adicción al ajedrez
tus ojos de pestañas lisas con mi delineador oscuro
tus labios partidos con mi lipstick
mi desnudez y tus pantalones de pijama
tu trabajo que empieza a las cinco y media de la madrugada
con mis son- las -diez -no- me -quiero- levantar- otro -ratito-más-por favor-ya casi
este día tan soleado y lleno de niños
con la injusticia social del tengo-que escribir
las tostadas de atún con mayonesa
con mi aversión por la popularización de dicho aderezo
los estereotipos quiméricos de la industria y las películas universales
tu dolor de espalda con mis ganas de desparramar-te
esta etapa de mi poesía (que corre auténtico peligro de volverse cursi)
con mis elucubraciones nihilistas de asesinatos pasionales
mi decisión consciente de ausentarme sábado y domingo
con el afán social de bailar en el parque y gritar al megáfono
mis manos que te tiemblan con la urgente necesidad de ser absoluta de mí misma
la dependencia con la risa de los millones de celosos anónimos y desubicados
las ganas de encerrarnos en una cueva y la responsabilidad de luchar por la humanidad
las hamacas con las canchas de voleibol/ el agua fría con la caliente
las palomas grises y asquerosas con los pájaros de mejor estirpe
el sol de la banqueta con la sombra de los árboles/ la batalla de los sexos
el amor y el cinismo

II

¿Reconciliarse con el domingo?
es imposible porque él –esta presencia cada vez más antropomórfica- agudiza la soledad la nostalgia el hambre la pereza la desazón el insomnio la enumeración existencial las pesadillas de cuerpos desbordándose el gato muerto en la banqueta con sus verdes entreabiertos la niña con el paraguas cuando no era la lluvia la deuda externa los tsunamis el calentamiento global los divorcios la explosión demográfica y la ridiculez

III

la noche cae y no estoy a salvo
ni cogida de uñas al recuerdo del retozo sin guardas en tu colchón de sábanas limpias
la cabeza ya empieza a tenderme sus trampas
tengo un afán profundo por abandonar mi mediocridad

y es que los domingos uno siempre está solo.

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