No. 24 (fragmento)

Las manos son morada de la memoria en el espacio. Con ellas aprendió su espalda ancha de cera amasada, cediendo como barro en el torno, deslizándose entre la largura de sus dedos. Uñas mesuradas, barniz transparente, rojo mineral en la cutícula. La última herida que cosió en el internado. Sangre, aceite viscoso entre sus dedos. El padre y el ritual de la ablución. Era necesario extirpar los comedones. Estudiarás medicina. Las manos entrelazadas en un sí, acepto. Dejarás la carrera. Sí, acepto. Frío. El metal que quema su anular. La arcilla también cedía. Se moldearon huecas en decenas de vasijas repetidas, en íconos de escarcha molida entre los dedos. Se entendieron en horas de encierro, de hambre, de nada. Al calor del fuego, se secaban como costras. Maleable, ya no. En las manos llevaba el diario de su vida.

3 pensamientos sobre “No. 24 (fragmento)”

  1. Las manos son morada de la memoria en el espacio…. genial!!! Me encanta esto. Me recordaste uno de mis poemas que dice: Quiero aprenderme de memoria
    el contorno de tu cara (y por ahí sigue). Qué fuerte lo que sigue. Sí acepto. Cógelo de alguien que sí aceptó.

  2. y mira, esto es una serie? es lindo. no sé lo del diario al final. yo lo dejaría en “Maleable, ya no”.

    besos

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