Morir (segunda parte de un cuento en proceso)

Todas las historias son, en resumen, la historia de un amor o la historia de un crimen, y a veces, en el mejor de los casos, son ambas. Y no sólo las historias propiamente ficticias, sino las historias que nos hacemos de nuestras relaciones con los otros. Entre ellas, querámoslo o no y por más mínima que sea, se esconde siempre la perversión de una trasgresión moral. ¿Cuántas veces no nos hemos imaginado la posesión sexual del otro, cuántas no hemos imaginado que el otro nos posea, cuántas no hemos querido hacerle daño, cuántas que nos haga daño a nosotros? Sin embargo, no queremos reducir todos nuestros pensamientos a esta perversión e intentamos reprimirlos con la almidonada propiedad de la cortesía y la prudencia.

¿Quién se atreverá a mostrarnos su deseo? Te quiero poseer, te quiero matar. ¿Cómo responderás? Volvamos a la mujer escotada que sale del apartamento, que acaba de ser poseída, que va a ser asesinada y lo sabe, que sonríe con esa felicidad que no se sabe. Su placer consiste en que se dirige al cumplimiento cabal de su deseo, se dirige a la consumación última de la ferocidad pasional. Quiero que me poseas, quiero que me mates…

2 pensamientos sobre “Morir (segunda parte de un cuento en proceso)”

  1. Y es que todo se reduce al deseo. A esa cosita que se dispara desde tantos lugares (nunca uno sólo) de nuestro cuerpo y se mete en todos nuestros agujeros. Y ya no importa nada más. Sólo desnudar a ese profesor que me está dando clase, o rozar a propósito el pie de ese fulano que mira atento a la pizarra. Y que ahora me mira a mi por culpa de mi pie. Perdón, le digo, pero el pacto ya está hecho. Porque todo es deseo y muerte. Aunque nuestra intención parezca estar lejos de ello, todo se organiza para que se consume el deseo acumulado, pensado, acariciado, observado. Yo he observado mi deseo tantas veces, yo me he visto naciendo de mi deseo, caminando en mi deseo, masticando mi deseo. Y todos lo saben. Todos jugamos el mismo juego de la seducción porque no hay mejor negocio ni mejor promesa que esa de ser consumidos/matados por la realización exitosa de las transgreciones morales. ¿Quién será capaz de mostrar su deseo? Yo lo soy. Y te deseo a ti.

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