Mirando mucho tiempo el cuerpo de una vena

A mí me costaba sacar las palabras del cuerpo como de un instrumento de fuelles rotos.
Felisberto Hernández

A la que me usa de amuleto, por el nombre.

Y a mí no me dejaba de latir la vena detrás del lóbulo de la oreja derecha. La vena latía y casi emitía vibraciones parecidas a las que emiten las cuerdas de un violín. Sin embargo, mi cuerpo era una escultura de cera inmóvil. Estaba fugada de la escena y sólo lo advertí porque la vena picaba en una extensión de piel que no sobrepasaba la de un lunar del tamaño de ése que precisamente tienes en el lóbulo de tu oreja derecha. Me gustaría mirar mucho tiempo el cuerpo de un poema hasta divisar alguna vena vibrando. Podría verse como una costura rota o como un poema de Ana Cristina Cesar. En el escenario: una banda de jazz. Sin embargo, las esculturas de cera que son el público me obligan a evacuar mentalmente la velada. Una vez una mujer me dijo al oído que ella se quedaba profundamente concentrada mirando sus poemas hasta que pudiera sentir un filete sangriento entre sus dientes. Nunca le dije que tuve ganas de que me devorara como a uno de sus poemas. Después, ella me regaló un bizcocho de zanahoria. Creí que me regalaba el pastel para hacer las paces por haberle dicho que me devorara la oreja como un poema, pero luego recordé que no se lo había dicho. El bizcocho se lo comieron mis “roommates” porque a mí me daba mala espina. Me dijeron que realmente sabía a pistacho. No me extrañó, porque ella tenía el pelo rojo pero no le gustaba hablar del tema. Así, del matiz de su pelo, me imagino la sangre que divaga en este instante tras mi lóbulo mientras el maestro de ceremonia invita a otro poeta a la tarima y las figuras de cera repiten la rutina de aplaudir sin mover ninguna otra parte del cuerpo. Ni susurros, en el sentido latino de la palabra, es decir, sin silbidos. Así las cosas, preferiría vivir en la isla de Gomera, donde las personas se comunican silbando. Gracias a la existencia de esta isla Canaria, a veces creo que Babel es un episodio bíblico muy sospechoso y, definitivamente, concebido por un escritor de segunda. Lo mejor de la Torre de Babel son los cuadros de Brugel. Por consiguiente, la película Metrópoli también es lo mejor de la Torre de Babel porque estoy casi segura de que la ciudad de Fritz Lang se inspira mucho en la del Viejo, como le llamaban. Creo que María, el personaje de la película, les habla de Babel a los obreros en alguna escena. De cualquier modo, todos sabemos que, ante la presencia de distintas lenguas, se silba. Cuando los indios sudamericanos quieren negociar pero hablan en distintos dialectos se comunican con silbidos. Tienen conversaciones enteras a silbidos. Eso también lo vi en una película. Algo hice mientras pensaba en precipicios y ecos que me dejó de latir la vena detrás del lóbulo. Un poeta de cera recibía aplausos de cera.

2 pensamientos sobre “Mirando mucho tiempo el cuerpo de una vena”

  1. Fuiiiiiiiiiiiiip! (te estoy silbando) Ay Dios…tengo la oreja caliente y debe ser por el recuerdo de tu vena. Tú pidiéndole a una poeta que te coma y yo metiéndome en “foams” ajenos. Quiero una copia de la Secta (y no me refiero a la malísima banda de rock). Un beso.

  2. No sé silbar. En la isla de Gomera se silba pq está llena de precipicios (la isla nació de la explosión del volcán Teide, así que imagínate una bola de lava del tamaño de una isla), si te caes por algún precipicio, la única manera de que te encuentren y que no pierdas las pocas energías gritando es silbando, por el eco. A los niños en las escuelas los ponen a silbar y to. En esa isla tampoco le dije a nadie que no sé silbar y, por suerte, nunca me caí en un precipicio.

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