Menú del día: los licores agrios, los venenos y la plata oxidada

La recurrencia del ladrido del perro del vecino lo sacó de quicio. No pudo hacer más, fue inútil el remedio de la carne molida apetitosa mezclada con venenos.

Medio quilo de papas por pelar y un saco roto que le sirve de delantal a la hora del trabajo son los dos objetos que le recuerdan al abuelo.

Al menos comeremos bien, pensaba la negra creole. Los rescatistas de FEMA han lanzado desde los helicópteros bolsitas con provisiones selladas al vacío. Los niños se entretienen preguntándoles a los padres el significado de las siglas: gracias a las escuetas contestaciones ya están al tanto del significado de las mayúsculas RTE: Ahí dice Ready To Eat, baby.

Estuve repitiendo en forma de gases los restos de un filete de bacalao cocido a estilo japonés en el restaurante Mi Casa de Santurce. Estoy seguro que la indigestión me la produjo no el pescado en sí, sino la salsa de sake.

Probar
tus labios mojados
en cerveza michelada.

Escupir el semen
cortado
con sal yodada.

Lágrimas marinadas
con una pizca de sudor:
elíxir de una axila odorizada.
Dice el experto en etiqueta Luis Asdrúbal Irizarry que las servilletas de tela se deben enrollar aparte. Los cubiertos siempre deben estar expuestos.
Así la plata se oxida
de tal manera
que el comensal siempre es consciente
de que no son nuevos:
otras bocas
ya los han ensalivado.

3 pensamientos sobre “Menú del día: los licores agrios, los venenos y la plata oxidada”

  1. Manuel, me imagino que no tiene tanto que ver, pero tu escrito me recordó algo. Y a pesar de que Margarita me dijo la vez que escribí algo sobre Cuba que es difícil hablar de Cuba, igual lo haré. No emitiré un juicio, pero lo que te voy a contar puede tener matices para el ojo reaccionario.

    Me recordaste que la segunda vez que mi mamá fue a Cuba, no había mucha comida en el mercado. Por temporadas hay o no. El mismo día que ella regresó, un familiar nos invitó a comer al restaurant brasileño que había en Plaza del Sol hace como cinco años, que tenía un “all you can eat” de carne. Distintos meseros pasaban con unas espadas ensartadas de carne, y uno indicaba si quería que se la pusieran en el plato con los “coasters” de colores. La carne iba y venía. Cada mesero cargaba con un botín distinto.

    Mi mamá se deprimió.

    En fin, que tu escrito me ha recordado que comer, una función orgánica y obligatoria, se ha convertido en una actividad comemierda y llena de ceremonias.

  2. “Yo afirmaba con ardor catequista que los placeres de la mesa no eran tan democráticos como los placeres de la cama. Y así es, el banquete es la más perfecta metáfora de la desigualdad, dista de ser el rito fraterno en torno del alimento; el ágape de los primeros cristianos no era un festín impúdico, al estilo de las comilonas de los ricos.”

    Del libro Y de este mundo prostituto y vano sólo quise un cigarro entre mi mano, de Rubem Fonseca.

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