Malabares

En conversación con Vicente, claro…


Su fantoche figura pintorreteada
malabareaba revólveres
desde una cuerda floja.
Debajo de la carpa
siempre fue el payaso agridulce.
Ahora buscaba
su destino de polvo
en aquel balance de telaraña.

El espectáculo comenzaba.
Esta vez sin domadores de leones
o trapecistas que asomaran su cabeza
boca abajo…

Se había dedicado a vomitar párrafos,
en un momento,
pero la condena del verso
punzaba su espalda;
le malhería.

Soñaba con liras.
Le trasnochaban los adverbios.
Los adjetivos precisos.
Las metáforas que no cesaban.

En la cama,
revuelto en sábanas,
sudaba las primeras gotas
de lo que sería su obra maestra.

Había tomado por convicción los paracaídas.

Para ese entonces se decía profeta, arquitecto, mago…

Y así su tren.
Hasta que comenzaron
a escapársele las palabras
de entre los dedos
como cometas fugaces.

Y entendió del polvo,
de la ceniza,
de lo putrefacto.

Un día dejó caer el paracaídas,
y en medio del desliz,
un ángel negro se paro
en la puerta de su sonrisa…

Profesaba en sus labios
la venida del verso descompuesto…
“morirás, se secará tu voz, serás invisible”

Destino inevitable,
que asumido,
se convirtió
en disparo
de tres pistolas
encrucijadas.

(desde la cuerda floja cuelgan aún sus zapatos de payaso, y aquel paracaídas que aguarda como caballo de fuga para engañar a su próximo altazor)

2 pensamientos sobre “Malabares”

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