Los olfateos de Zoé

Zoé la miraba desde el último pupitre. Ella no se percataba de cómo la auscultaba entre pestañeos. No le interesaba nada de lo que ocurría a su alrededor. Quería sencillamente descubrir el éter que despedían sus clavículas. Esos huesecillos que sobresalían de su blusa. No necesitaba verla desnuda, para nada. Le bastaba con verla leer para querer levantarse de su asiento y arrodillarse ante ella y empezar a poseerla con su nariz. Zoé quería olerla, como Grenouille poseía a sus doncellas. Sin tocarlas, sin penetrarlas siquiera. Sólo deseaba meterse bajo su vestido y paladear sus pantorrillas. Quería separar el olor a lavanda de sus enaguas de la naftalina de los armarios. Quería saber qué fragancia despedían sus pezones cuando los acariciaban; la quería a ella en su esencia. Estaba segura que en la mañana los pelitos de su espalda amanecían con un rocío de sudor que ella podría recoger con sus papilas. Siempre procuraba acercársele y adivinar si esa mañana se había bañado con un jabón antiséptico que no le gustaba o por el contrario se había esmerado con algún aceite aromático. La miraba embobada, ensimismada en su deseo imperioso de olfatear su entrepierna.-Zoé, ¿en qué estas pensando?, presta atención a la clase.

–En nada maestra, en nada, sólo miraba la pizarra.

–Cinco por cinco, veinticinco, cinco por seis, treinta.

8 pensamientos sobre “Los olfateos de Zoé”

  1. curioso el final. le quitaria la aclaracion de que es a la maestra, se entiende de todos modos por las claves en la prosa y en el dialogo de cierre

  2. Fíjate, seré bruto, pero no me di cuenta que era a la maestra. Me di cuenta que era un salón de clases, pero pensaba que la fantasía era con otra compañera.

  3. oye pero esta niña es una caso, un poco prematura incluso…Aprendiendo las tablas de multiplicar y pensando en “enjolquetársele” a la maestra entre las piernas!

    Axel, yo también cogí clases con ella, ¡que coincidencia!

  4. no importa, axel, te ponemos a coger mas tutorias, pero esta ve no con aravind, si no con la maestrita caliente de awilda…

  5. yo dejaría lo de maestra, se acerca mucho más a la manera en que habla un niño cuando lo mangan haciendo algo. “en nada, en nada…” se me queda guindando, y en mi opinión personal, lo hace
    más sexy… rico ¿no?

    raquél:no seas tan perfeccionista con lo que escriben otros. habemos muchos seres mortales incapaces de alcanzar tu grandeza.
    buen cuento awildita, se te echa de menos. y por si acaso, borré mi comentario anterior porque tenía un error ortográfico y no quería que raquél me lo editara. afectaría mi autoestima

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