Lo que espera y lo que no espera

Cuando me asomo a la ventana del séptimo piso en que vive mi abuela, me fijo en la avenida Baldorioty de Castro y veo los carros que la transitan. En la víspera de año nuevo, van a una velocidad inusual, única de la noche de víspera de año nuevo, una velocidad urgente, de que algo los espera o están locos por ir al baño. Siempre me pregunto quién va hacia dónde en esos momentos en los que debería estar en otra parte que no es la Baldorioty. Quiero imaginar, o llego a imaginar, que tienen prisa por llegar donde sus abuelos, con quienes esperaban contar hacia atrás, pero ahora sólo les queda verlos acostarse a dormir después de la trasnochada. Uno siempre llega tarde a donde los abuelos; uno sabe que ellos siempre esperan.Hoy me asomo a la ventana del séptimo piso en que vive mi abuela, y me fijo en que ya nadie tiene prisa.

—Mira, un muchacho compuso un vals famosísimo cuando tenía diecisiete años, el Vals de las Olas, ese de tra la-la la-la, tra la-la la la-la la la-la. Se llamaba Juventino Rosas.

—¿Jodentino quién?

—Rosas. Él venía en un barco y se murió en el camino, y lo enterraron en Cuba.

—¿Dónde?

—Me imagino que en La Habana; antes los barcos hacían escala en La Habana porque era un puerto importante. Pero imagínate, se murió tan joven. Si nunca hubiera escrito ese vals, no habría podido ser tan famoso.

3 pensamientos sobre “Lo que espera y lo que no espera”

  1. aaww, la espera y el recuerdo de los tuyos.

    aaww, la efimeridad de la vida, la ingenuidad de la juventud, la ingeneidad de la juventud, el placer de no ser olvidado, el humor en la nostalgia.

    y después, la otra línea de diálogo es un simple y afirmador:

    -Jum.

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