Leve arte poética

A Manuel Clavell, aliado de la pesadez,
y a Margarita Pintado, amiga de la ingravidez

letra habíanse reunido los mejores poetas del reino para cantar alabanzas al oso, rey de las criaturas del bosque, en las fiestas de su cumpleaños. Aquel cuyo poema fuera del mejor agrado del rey sería honrado como su consejero personal en el palacio.

El primero en loar fue la ardilla, quien hizo tan extensa glosa que su canto duró dos días con sus noches. Una vez terminó, los animales del bosque se habían quedado dormidos.

Le siguió el búho. Aunque su poema fue corto, tenía tantas palabras de significado desconocido que terminó por abrumar a los presentes, y ni el rey mismo comprendió nada.

Cantó luego la cigarra. Poco importó la belleza de sus palabras, pues tal era la estridencia de su voz que dejó sordos a cuantos la oyeron.

Finalmente, le tocó el turno al ciervo. Inclinado ante el monarca, con voz aflautada, cantó: —”Bien estimado señor mío, tu siervo soy”.

Esto conmovió al rey de muy buen talante, quien halló genuinas y muy bellas sus palabras. El ciervo, habiendo resultado victorioso en la contienda, no tan sólo se hizo ayudante del rey en el palacio, sino que se desposó con su única hija.

6 pensamientos sobre “Leve arte poética”

  1. A La Diabla Bailarina, al Hombre Fornido en Jacksonville, y, sobretodo, al Poeta de Los Pantalones Apretados (¡bien apretados!)

    Cuenta la leyenda que Siervo fue un poema escrito por La Poeta del Terruño Yara Liceaga, y que fue publicado con el nombre de la Poeta Nacional por excelencia, Mara Pastor.

    De lo que allí sucedió, y cómo se resolvió esta terrible peripecia, avisaremos en nuestro próximo capítulo.

  2. querida raquel: soy amigo de la pesadez en proceso de desintoxicación gracias a Calvino, siervo a veces, otras más esclavo que amo, creo que todos coqueteamos con el rey, aunque sea el que se asoma en el espejo cuando estamos solos y los diablillos de la fama no nos dejan solazarnos, gran familia, entonces, así que para entretenerla entre pausa y pausa… vengan más fábulas.

  3. Pidoki: 1) yo perreo. 2) como abogado practicante no sabría como bregar con tu caso de copyright, pero sí te aconsejaría que no sigas contratando ghostwriters (nótese el énfasis en el plural).

    Raquel: qué bella es tu hache!

  4. ¿Será que el siervo se perpetuará como una alegoría del desasosiego de la puertorriqueñidad literaria que nos quieren espetar en esta (I)sla, que si piensa así todavía, debería escribirse como (i)sla? (Véanse las polémicas imágenes de las lacayas de las palabras Yara Liceaga y Mara Pastor, en el recuento que ésta última hace del tema en “De plagios, links y otras pasiones religiosas”.)

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