La viuda del suicida

Un halo extraño me confesó que su viudez vendría; súbita.
El trasluz de la negra organza había sido tan efímero
que sólo he tenido tiempo de guardar en mi alma su pena
(y no detenerme en pensar en el cómo, que sería el sino que se aproxima,
irremediablemente, en la sucesión de acciones de un suicida).
El halo se repetía en los ojos de viuda aún por serlo;
desde adentro los pormenores se traslucían por vía
de pupilas achicadas por la crónica en espera.
Ella sabía el por qué y el cómo; el tiempo sólo aplazaba el trapío cuándo.

4 pensamientos sobre “La viuda del suicida”

  1. nonono, ángel azulado, aquí cieza no tiene nada que ver, la del comentario fui yo, por siaca. cieza se queda calladit@ porque ni siquiera se digna a mirarse en este espejo.

  2. de hecho, no me cuadra la palabra “trapío” aquí, me parece un adjetivo traído por los pelos. como dicen, el adjetivo, “cuando no da vida, mata”. tal vez por eso nuestros personajes conspiran suicidios literarios. ojo con eso.

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