La miseria en los peajes

Media onza de pena y compasión combinada es lo que hace falta para sacar del cenicero del carro un “dime” y sentirse mejor con uno mismo. Los peajes de heridas infectadas, de uñas sucias y dientes ausentes, son la realidad disfrazada por el tránsito en aire acondicionado del Puerto Rico Ford, Lincoln, Mercury; y para aquellos que por ese Karma maligno no gozan de la bendición de tener aire, siempre hay dos de cada tres que prefieren pasar el calor momentáneo con la ventana del conductor arriba, con tal de seguir mirando fijo al sol y esperar que pronto cambie la luz.Por qué han llegado tan bajo, para qué van a usar mi “dime” y cuánto tiempo me toma ganarme diez centavos era en lo único que pensaba cuando los veía venir. No era suficiente lidiar con la pesadez azarosa de no haberme podido comer la luz, sino que encima tenía que suprimir una guerra interna entre la compasión y el capitalismo.

Sentirme timado al dar o insensible al ignorarlos es una paradoja cíclica que no me deja otro remedio que cauterizarme la piedad o avivarme la misericordia. Sea como sea, su miseria de alguna manera nos hace reaccionar. Por mi parte, yo he decidido que siempre que tenga les doy. Quizás por eso siempre tengo, y quién sabe si también por eso nunca se me daña el aire.

3 pensamientos sobre “La miseria en los peajes”

  1. Nuevamente, me enfrentas a la realidad latente y que optamos por obviar (éste post y el del medio oriente me han jamaqueado la existencia!). sabes que casi siempre tengo una reserva para estos seres humanos? Y he sabido, en más de una ocasión y en contra de lo que opinan mis viajeros invitados, ir hasta el fast food más cercano a comprarles algo (si es comida lo que me piden). A mi tampoco se me ha dañado el aire!

  2. Que sentimientos tan bonitos
    lo mejor es que son renovables
    semaforo a semaforo
    dia tras dia
    amo los subhumanos
    mi carro profilactico
    asi me lo permite
    mi salario, que carajo,
    de vez en cuando
    puede asumir un combo de regalo
    si a mi alma le hace falta
    se lo pido agrandado
    san pedro, mi panadol, acaso viste
    mi supersizing de amor?
    no, droga no le di, ni chavos
    perdon, no esperaba esto de ti,
    san pedro mi panadol,
    por que me cuestionas tanto?

  3. Yo tengo una gavetita en mi carro llena de monedas para estos momentos. Nunca está vacia, es como la maleta de Mary Poppins, sigue saliendo monedas de allí.

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