La marea

La marea vendrá a robarte.
La marea vendrá a mojarte.
Rizos meciéndose por encima del gavioteo,
Azul derritiéndose entre mis manos goteando,

Llegará salado.
Llegará vertido desde el cielo rojo.
Traerá desnudo el cuerpo mojado.

Y me abrazará.
Y me detendrá.
Y con sus manos me quitará la vida
Mirándome a los ojos mientras me besa.

Quedarás tu mirándome tendido
Cayéndome de sus brazos
Que me enterrarán en la arena
Que me frotarán el pecho
Que lamerán mis labios y dientes.

Quedarás tú mirándome en su rocío
Bajando por su espalda con el surco brilloso del sereno
Los cuadros encaminados de su vientre
Y de su sexo,

Y te quedarás callada.
Y lo verás irse otra vez al cielo,
Su espalda y su embriaguez borrándose
En la espuma,
En la bruma,
En la marea.

Me buscarás luego en la arena
Y allí me verás postrado.
Buscarás mi mirada hueca
Pero la verás sangrando

Y llorará tu alma
Y se hará humo tu voz
Mi cuerpo enterrado se mezclará en la arena
Y mi corazón se ahogara con la sal de su sudor.

Un pensamiento sobre “La marea”

  1. me gusta la secuencia de este poema. secuencia queda, casi imóvil, bueno, como la marea. y el efecto ese de que parece que hay más de dos personas en cuestión, el quiebre del binomio, así sea la marea el tercero. no sé.

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