La máquina de Felisberto Hernández o historia personal del tiempo y la literatura

Me interesaba que la cotidianidad tomara el lugar de lo trascendente. Por eso me levantaba antes que el sol y no salía de la biblioteca hasta que se fuera. La clave de mis días era encontrar cómo acabarlos. Bastaría una idea, una frase, una palabra que consiguiera resumir los progresos que había hecho en mi estudio. Poco a poco, esta pequeña nota que atestiguaba el avance de mi investigación se volvía repetitiva. Veía claramente cómo la palabra del día anterior era incluso más pertinente para concluir el día de hoy. El tiempo era cíclico. Mi pensamiento había dejado de ser moderno y retrocedía a una época primitiva y sin historia. Fue en aquel tiempo que comencé a tener sueños pedófilos recurrentes, en los que la sodomización con artefactos impensados me provocaban una inexplicable nostalgia. La máquina jugaba conmigo todos los días. El libro de Baudrillard que dejaba por la noche en el escritorio amanecía siendo de Calderón de la Barca la mañana siguiente, para volver a ser de Baudrillard después del almuerzo. Para derrotar a la máquina tenía que adivinar la relación patronímica que utilizaba para convertir un libro en otro (siendo el ejemplo que di poco creativo). Pensé que la deconstrucción podía ser una excéntrica filosofía medieval, pero luego descarté la idea por resultarme muy concluyente. En una ocasión vi cómo un estudiante tonto anaqueló un libro equivocadamente. Anoté el título del libro mal anaquelado junto al de los que ahora lo recibían como un nuevo compañero. Escribí en mi libreta “estudio comparativo” y acabé el día.

3 pensamientos sobre “La máquina de Felisberto Hernández o historia personal del tiempo y la literatura”

  1. eso de que un libro de baudrillard amanezca siendo calderón de la barca asusta. b.

    mera mejo no seas tan nerd y fúmate algo fuerte como ezequiel el de sirreal. b. bis.

    es broma. las hortensias! ostia, las ortensias (sic?)!

    hoy fui a una fiesta y al final una gringa del dept. de cine vomitó en mi coat. sí, terrible. debería pasar más tiempo en la biblioteca, especialmente los viernes.

  2. Ay Dios, te pareces a Borges. Ciertos dejos. Ocupando el tiempos, y conviertiendo libros en máquinas representativas de la perfección cíclica. ¿Sueños pedófilos? Qué rica perversión.Me gusta lo de la pertinencia atrasada del día anterior para meterse en el hoy. Yo creo que lo de nerd te queda bien. Fúmate todos los libros que puedas, y cuando estés bien “ennotao” ponte a escribir. Como ahora, verdad?

  3. creo que dentro de ese tubo de ensayo que es tu ficción, que repetidamente ha querido replicar a esa pequenha obsesión tuya (una de tantas) que se llama Borges, se materializa una voz autoril que poco a poco es menos Borges y más tú; intentar parecerse a Borges implica el ridículo literario las más, donde lo que trasluce es una pose un tanto cursi de Borges wannabe

    esta máquina engrana, luisito, como la otra

    que siga la producción

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