La máquina de Borges o historia personal de la tristeza y la filosofía

Ayer me amanecí estudiando. Estaba tratando de buscar una compatibilidad entre el nihilismo de Nietzsche y la afectividad de Lévinas, entre el eterno retorno y la ética. El café y la cocaína refinaron mi vista bastante. Me concentraba en las cartas de amor y odio (o de odio en las postrimerías del amor) que Nietzsche le escribía a Lou Salomé. Estaba seguro de dar finalmente con la clave. Mis dedos comenzaron a escribir y el extraño sonido de las teclas me hizo notar el más profundo ruido de perillas gigantescas, como puertas que se abrían atrás de las montañas. Había cadenas que remolcaban con velocidad irregular cosas pesadas desde lugares infinitos, y varias palancas que activaban una bobina de cables invisibles y delgados que estaban hechos de energía y no ocupaban espacio. En ese segundo en que pude ver los detalles de ese artefacto gigantesco, pensé que había resuelto el problema que tanto sueño me había quitado. Entonces puse el cerebro entre mis manos y lo apreté, pero lo único que pude ver fue esa maldita máquina de Borges. De vuelta en la cama me dormí pensando en una biblioteca que consistía en un conjunto pequeño de libros que se repetían en una serie infinita de salones. Soñé que yo era judío y que un viejo alemán me había condenado a escribir eruditas cartas de odio a todas las mujeres de la tierra. Desperté con una erección y me sentí solo.

9 pensamientos sobre “La máquina de Borges o historia personal de la tristeza y la filosofía”

  1. ¡Chévere! Extreme!

    Y aparecería Borges para resolver la erección con un:

    ¿Cuál es la diferencia entre la apatía y la indiferencia?

    No sé ni me importa.

  2. Filete de chillo, para especificar lo que propone mara pastor. debe ser la coca, ya ven a donde llegó evo.

  3. ¿Máquina de Borges? NO. “Historia personal de la trsiteza y la filosofía”. Yo quiero una erección.

  4. Una máquina, la historia la tristeza y la filosofía…
    Total, todo acaba siempre con una erección, hasta este texto que estuvo tan bueno.

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