la llorona

ay de mí llorona, llorona de azul celeste
no dejaré de quererte, llorona, aunque la vida me cueste

cuando se han ido retirando los latigazos cínicos, cuando ya solo dejan escalofríos que se van mitigando, y me vuelvo a sentir cuerpo y carne deshojada, mujer en jirones, te arremolinas, te enroscas alrededor de mi ombligo buscando abrigo dentro; te vienes de nuevo a mí, despacio, con la mirada acuosa de la niña asustada, desbordando salitre por la cuenca de los ojos, con la saliva golpeándote en los labios y hambrientos los surcos de las manos; vienes a mi memoria, a enredarme, a enredarte a mi columna con tus tallos; vienes a mis ingles para que yo te cure el desarraigo; vienes a enterrarte… ¿o a enterrarme?

si porque te quiero quieres, llorona, que te quiera más
si ya te he dado la vida llorona, qué más quieres
¿quieres más?

*Nota de audio: “La llorona” por Chavela Vargas.

10 pensamientos sobre “la llorona”

  1. el problema es que después de tanta seducción, no importa a quién, viene a enterrar como quiera.
    Me gusta.

  2. mayte: sabes por que me encantan tus entradas? porque me acuerdan la epoca en que derivas tenia la mision, el COMPROMISO de publicar solo escritos que pertenecieran a generos literarios olvidados, como el testimonio, la cronica literaria, la cronica periodistica, el relato (diferente del cuento, porque el relato no tiene porque tener un elemento sorpresa ni dramatico), y las memorias. ahora todo es poesia, y aunque hay mucha muy buena, la mayoria no dice nada. extrano mucho la epoca en que comenzo este site.

  3. “¡Sí, sí, yo lo enterré, yo lo maté!”.

    Gracias por traer a mi memoria de nuevo a “La mujer de Judas”, con esta sayona coquística.

  4. Bello Maite.
    Eso del compromiso mayúsculo…como que no me cuadra bien. Menos mal que al reconocer mi estupidez poética, me cohíbo de postearla. Oye, ¿y el ensayo, queda bien, o es otro género maldito, que no dice nada?

  5. Para pulirme las esquinas agrias
    el día se puso guantes en los pasos;
    grises tenían que ser, y tu mirada
    accesorio accesorio, casi asfalto.

    Acaricias como a un perro perdido
    el resignado hueco entre mis pechos;
    espeso y simple siempre es el alivio
    que repite un residuo de reflejo.

    La bóveda es espesa y me silencia.
    Desfilan las esquinas y sus filos
    en el dudoso reino de tu abrazo.

    Tus guantes de forense me sopesan.
    Con el cuerpo en volutas encogido,
    el invierno va y viene a latigazos.

  6. llorona no sigas llorando mas nobes que asustas a la guente despues los niños no duermen por ver tus videos asi que deja de llorar ase un esfuerzo polo menos te lo agradesco mucho se despide thais

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *