La hora 17

Y el reloj dio las cinco. Llueve. Llevo a mi boca uno de esos Malboro que tanto me gustan. Lo fumo como si fuera el último. De acompañante el sorbo tibio que queda en el fondo de la botella de Aquafina y la desvanecida voz de Lavoe que se confunde con la mía en el “todo tiene su final… nada dura para siempre” que he estado tarareando toda la tarde. Suspiro y me siento fracasada, totalmente abandonada por Caríope.

Roberto se acerca. He temido siempre las conversaciones con Roberto, sobre todo ésas que se dan justo en el banco que está frente al Seminario Federico de Onís. Cuento hasta diez, respiro, y miro hacia la Torre. El reloj marca las cinco. Me estrujo los ojos y lo vuelvo a mirar. Las cinco. Roberto me habla de Bergson, de la conciencia que tiene de sí misma la palma que tenemos de frente y de lo bien que le caen los estudiantes de Bellas Artes. Arguye ingenuamente, rascando su promiscua calva, que los que estudian arte son gente que no encaja, gente rara. Sonrío. No sé si es un cumplido o una ofensa, pero sonrío. Nervioso se despide. Me levanto y sigo mi camino hacia la estación del tren.

La lluvia no cesa. Entro a la estación. Todo parecía estar en mi contra ese día. Me he levantado con el pie izquierdo, joder. Paso la mano por mi enmarañado pelo. Miro el reloj nuevamente. Las cinco. Una siniestra carcajada brota de mi boca. No la puedo detener. No me puedo contener. La gente me mira y me retuerzo. Me invaden espasmos horrorosos. Un intenso dolor me aqueja. Las manecillas del reloj se burlan sin piedad y yo me muero a carcajada limpia, lentamente. Intento tragarme el tiempo a bocanadas, a dentelladas, y el tiempo persiste y se marea…persiste y se marea… persiste y se marea… “Todo tiene su final…nada dura para siempre… tenemos que recordar…que no existe eternidad.” Y el reloj dio las cinco. Un sol radiante entraba por mi ventana.

Un pensamiento sobre “La hora 17”

  1. Que prosa tan arrebatadora, tan cargada de eso que se siente, que se sueña, que se desea. Bravo, me llevaste hasta el tren, hasta el momento inamovible de la hora 17.

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