La casa del dramaturgo Aravind Enrique Adyanthaya: Un espacio para el performance de las letras y las palabras

Nota del autor: No quisiera que Derivas se convierta en un espacio de reproducción de comunicados o notas de prensa, pero sí me interesa discutir lo que está planteado en esta historia del crítico cultural Pedro López, compañero de literatura comparada. El escritor Aravind Enrique Adyanthaya, autor de la colección de cuentos “Lajas” y un sinnúmero de obras “teatrales”, ofrece un espacio cultural importante para nuestro proyecto de llevar las letras al escenario. La escritura leída con el cuerpo nos viene haciendo falta hace tiempo. No hay que negar que estamos tiesos de músculos, lentos de movimientos, tímidos de voces. Nuestra presencia pública es meritoria; pero risible. Espacios como éste hay que pensarlos para ocuparlos uno, para superar esas lecturas básicas (sin ánimos de ofender) que estamos haciendo con la poesía coreada y los cuentos de hadas, incluyéndome. Hay que pensarlos para integrar otros medios, para que la reunión se vaya complejizando a medida que aprendemos a respirar y a enfrentarnos al público como los actores. Pensar el espacio propiciatorio de la escritura como performance. Este espacio es Café Berlín es Casa Cruz de la Luna.

-m.c.c.

Casa vieja para arte nuevo
por Pedro López
para Primera Hora

Se suele pensar que San Juan, por ser la capital, es el centro de la actividad artística y cultural del país, sobre todo de sus manifestaciones más modernas y vanguardistas. Sin embargo, un centro cultural en San Germán contradice dicha aseveración. Allí se encuentra la Casa Cruz de la Luna, una casa antigua que desde 1998 ha servido de hogar para el arte experimental.

Un espacio para el arte

El escritor y dramaturgo Aravind Adyanthaya es la fuerza detrás de este espacio de exploración artística. La casa fue adquirida por su familia a principios de los años noventa. “La parte de arriba siempre se ha mantenido en un estado útil y habitable”, explica este hijo de padre indio (de la India) y madre puertorriqueña, criado en Lajas. “Sin embargo, la parte de abajo estaba en bastante mal estado. Como no se estaba haciendo nada con ella, mi familia me la da y ahí es que empiezo a concebir qué puedo hacer con el espacio”.

Para ese entonces, Aravind ya tenía en mente la idea de formar una compañía de teatro. Decidió que la planta baja de la casa se convertiría en la sede de la compañía. “Pensé que aquí era un punto excelente porque San Germán es una ciudad de muchas corrientes culturales y lo ha sido históricamente”, explica. La casa abrió sus puertas al público por primera vez en 1998 para el estreno de una obra titulada “Hagiografías”, escrita por el propio Adyanthaya. Ésa fue la primera producción de la compañía, que tuvo, entre sus miembros fundadores, a los teatreros Jackeline Ferrer y Rafael Pagán.

“Es una compañía de exploración en muchos sentidos. La asociación que tenemos con músicos y artistas gráficos nos ha llevado a hacer un teatro que no es el tradicional”, dice Aravind sobre el grupo de teatro. “No siempre partimos de textos, a veces partimos de un espacio o un diseño gráfico. Y cuando trabajamos con textos, no siempre son textos teatrales”.

En 1999 la Casa deja de ser solamente la sede de la compañía y empieza a convertirse en el amplio proyecto cultural que es hoy. Ese año, el tío abuelo de Aravind -el distinguido abogado Marcos A. Ramírez, famoso, entre muchas otras cosas, por su participación en la investigación senatorial del Cerro Maravilla- dona su colección de sobre cuatro mil libros de sicología, religiones comparadas, filosofía y poesía, a la Casa Cruz de la Luna.

“Él tenía, como proyecto de vida, el estudio de sicología, de talleres de autoconocimiento y de cómo integrar las artes al desarrollo personal”, dice sobre Ramírez, que falleció en años recientes. “Por muchos años, él tuvo en San Juan el Instituto para el Desarrollo Integral Humano. Y él quería que su obra se conservase. Es una etapa de su vida que fue paralela a la de abogado, pero no tan difundida”.

Y añade Aravind: “Mi tío tenía un vínculo muy particular con esta casa, porque el papá de él, mi bisabuelo, era el capataz de don Juan Matos, que fue un terrateniente con muchas tierras en Lajas y quien básicamente poseyó la casa a principios del siglo. Tío Marcos se acordaba de cómo era ésta a principios de siglo, porque él venía aquí”.

Se restaura un tesoro

No se sabe con exactitud desde cuándo existe la estructura. Sí se sabe que ya para el 1870 existía una edificación en el lugar, según se constata en el primer registro que se tiene de la propiedad: un plano de la casa de al frente.

La casa ha pertenecido a varios dueños, pero fue, precisamente, don Juan Matos el que le comisionó al pintor polaco Shutka, en 1913, los llamativos murales que adornan muchas de las paredes de la residencia.

Algunos de éstos fueron restaurados en años recientes por Sol Elena Rivera, restauradora del Museo de Arte de Puerto Rico. Entre los planes futuros de la organización sin fines de lucro que administra el espacio, están rescatar el resto de los murales y convertir el lugar en un museo vivo.

Toda esta labor de restauración ha sido posible gracias a un donativo legislativo que este año fue de $30,000 y que también ha servido para costear los gastos operacionales de la Casa, potenciando su funcionamiento como centro cultural alternativo. “Lo hemos abierto como un espacio al que se pueden traer cosas de lo que está pasando en San Juan o en otros pueblos, para artistas de todas las disciplinas que quieran tener exposición en esta área”, dice el también autor de un libro de cuentos titulado “Lajas”.

Para todo público

Aravind es consciente de que hay un sector del público para el que el arte experimental puede resultar difícil y hasta antipático, pero entiende que este tipo de espacio es necesario, sobre todo en la isla. “Las obras que suelen traer de San Juan son obras mucho más tradicionales y comerciales”, explica Aravind, quien se desempeña como profesor de teatro en la UPR de Aguadilla. “Aquí hemos presentado obras y grupos que de otra forma no vendrían para acá”.

La Casa tiene un público muy diverso y difícil de categorizar, que incluye desde gente del pueblo y estudiantes hasta gente que viene de San Juan. “Se ha creado un público bien fanático de este tipo de teatro, que vuelve”, dice satisfecho Aravind, quien antes de estudiar teatro, estudió medicina. “Y no es que sea gente que sabe de teatro experimental. A veces, los que no tienen expectativas de lo que es una obra de teatro, son los que mejor reciben la pieza”.

Cabría preguntarse, entonces, por qué un creador con unas inquietudes artísticas tan peculiares decidiría establecerse en el oeste de la isla, a más de dos horas de la vorágine sanjuanera. “Fue para estar cerca de mi familia, pero también por razones de creación artística”, dice este creador, que describe su propuesta estética como una exploración del lenguaje y el acto de escribir. “Yo, aquí, me siento bien cerca de las raíces y la inspiración de mis escritos. Además, siempre me he sentido como un hombre de pueblo, en vez de un hombre de ciudad”.

La Casa Cruz de la Luna está ubicada en el #67 de la Calle Luna, esquina Calle Cruz en San Germán. Para más información sobre ésta y sus actividades, comunicarse al teléfono (787)264-4402 o al correo electrónico casacruzdelaluna@yahoo.com, o visitar su portal de Internet.

9 pensamientos sobre “La casa del dramaturgo Aravind Enrique Adyanthaya: Un espacio para el performance de las letras y las palabras”

  1. tutorías de performance? yo quiero!

    a propósito… la contraseña supersecreta para publicar este comentario es: rsexvfhc

  2. don manuelo, no se excuse usted por hacer lo que le dé la gana, que yo haré lo propio diciéndole que soy una plasta en el escenario. pero ya me apunté en tutorías de performnce; la semana que viene salgo leyendo en tutú.

  3. Aravind es genial…si tienen oportunidad de ver su trabajo, es una forma muy efectiva de montar en escena un texto. El tipo desmiente muchas teorías sobre la supuesta “muerte del autor” (entiéndase Barthes, Foucault), ya que en escena él se convierte en un autor vivo de un texto que se hace vivir en el momento de su ejecución en escena. Y bueno, yo tomé sus “tutorías” y me parecieron fantásticas…Así que metan mano derivos/as…¡Que no se necesitan tutú(s) para embelazar a un público lector! JAJA

  4. Casa Cruz de la Luna, si bien segun el Aravind está un poco en mal estado es un lugar encantador…las paredes sin pintar,el techo alto, la arquitectura,le dan un no sé que cuasi mítico al sitio…Creo que es un espacio que hay que aprovechar y como bien dices Manuel fuera de San Juan…Hace unas semanas unos amigos de Bellas Artes de la UPR tuvieron una expo allá…no se si sigue alli pero de estarlo id a verla…Y de vez se chequean el hotelito Oasis que paradójicamente se quemó el mismo día que abrió la expo…fue casi un happening…
    Chéquet
    E

  5. ¿Hay tutorías en serio? Porque a mí me gustaría hacerlo pero antes me gustaría que alguien me enseñara a hacerlo.

  6. mevo’acaballoyvengoapie…

    Caramba, que “enojo”. Anoche estuve en San Germán, aún no había leído esta comunicación. Sabía de la Casa Cruz de la Luna, y le pregunté a varias personas, (diciendo “Casa Cruz de la Luna” por ella y me dijeron que no sabían de ese lugar, que probablemente fuera en otro pueblo. Entonces recordé el nombre de “Casa Vieja”, me dieron las indicaciones, llegué al lugar a eso de las 10:50 PM.

    Me encantó!!!, mala noticia: La Cocina cierra a las 11:00 pm. Hablando con el mesero, le comento que estaba buscando el lugar preguntando por La Casa Cruz de la luna, y él me dijo, QUE NO SABIA DONDE ERA… Diojjjjjj no pue sel.

    Seguiré visitando el lugar, definitivamente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *