La caída

La encontraron desnuda y apagada, tirada sobre unos desechos de callejón. Sólo la delataba un rastro de escarcha plateada en la comisura de los labios: le habían cercenado las alas para venderlas en los mercados más turbios (la investigación decidiría si había sido el verdadero móvil del asesinato o una estrategia lucrativa para despistarlos), y las incisiones eran cristalinas, visibles sólo para quienes las buscaran. Pero aun sin potencial de revoloteo daba la impresión de que todavía volaría, porque sus brazos quebrados parecían capaces de oscilar como hélices de helicóptero.

6 pensamientos sobre “La caída”

  1. Me gustan los detalles . Los labios, las heridas… muy bien logrado. Logras pintar la escena muy bien. Creo que puedes armar un cuento delicioso con esto.
    Así que… ponte a escribirlo, que lo quiero leer.

  2. mi humilde opinion
    me dicta
    esta voz que dice asi:

    ni un pelo. no le toques ni un pelo.

    dejame leerlo narrativa.
    dejame leerlo poesia.
    dejame leerlo prosa.

    no hay que dirigir lo que quiera (como lo quiera) leer.

    no controles mi forma de pensar porque es total,
    el sujeto ochentoso

  3. Axel,haces grandes cosas chiquitas, tu escrito me recordó algo escrito por el dominicano, Pedro Delgado Malagón, De Ángeles Caídos y Serafines Inhiestos. Me gusta imaginarme que la escarcha plateada en la comisura de los labios es sangre plateada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *