Italianos en el Siglo XX: Exactitud

Tercero de una serie de trabajos sobre las “Seis propuestas para el próximo milenio” de Italo Calvino, en conmemoración del vigésimo aniversario de su muerte.

Esa mañana hicieron el amor como Dios manda, con una fuerza impresionante, oprimiéndose uno al otro las tetillas y rasgándose las carnes. Hubo una pausa: Paolo corrió un poco la cortina de la habitación del hotel El Convento para tener luz y poder encontrar el lubricante.

Luiggi lo observaba tímido desde la cama. Estaba desnudo. Tantas libras de músculos florentinos tendidas sobre las sábanas y tantas otras paradas sobre el piso no son garantía de falta de pudores. El otro sintió la caja de KY Jelly en uno de los bolsillos de la maleta. La sacó, se untó un poco de aceite aguado en la verga erecta y procedió a penetrarlo. Lentamente coordinaba besos suaves y caricias breves con el tempo rudo de cada embestida. Luiggi le correspondía acercando hacia sí más y más sus nalgas.

El rastro de la tierna violencia sobre la piel expuesta hizo que se incorporaran complacidos. Era la hora del brunch y el Viejo San Juan se veía espléndido desde la ventana. Se alternaron los turnos frente al lavamanos, pero se ducharon como si fueran uno.

El sábado en la noche, antes de la bacanal con los strippers nativos en Eros The Club, habían leído en el San Juan City Magazine que existía un pequeño restaurante español al final de la calle Fortaleza. El redactor aseguraba que servían de todo, que se podía fumar y que los domingos se reunían allí los hinchas locales de todas partes del exilio para ver el fútbol vía satélite.

Para vestirse, Luiggi prefirió la camisa de manga corta a rayas y los pantalones capri enrollados sobre la rodilla. Paolo, tan clásico, se puso sus mahones azules pegados y una camiseta blanca bien ajustada. Salieron. El Restaurante Siglo XX les pareció un oasis. A un mesero viejo le pidieron dos Pelegrino de agua mineral con gas y un cenicero. Estudiaron el menú. Se familiarizaron con los jóvenes de la barra y con los mayores del salón contiguo. Notaron que muchos conversaban en argentino, otros en catalán y que había dos o tres paisanos suyos.

Luiggi ordenó chuletas fritas con papas a la francesa. Paolo un churrasco término medio, también con papas a la francesa.

Cuando llegué al lugar, y me acomodé justo en la mesa del lado con mi acompañante, me topé con los dos efebos sonrientes, observando con detenimiento un partido que iba marcando 0 a 0 entre el Real Madrid y El Español de Barcelona. Había dos gafas Versace al lado de los platos, una cajetilla de Marlboro Lights y un encendedor de plástico. Más acá de los objetos, con disimulo, cuatro pares de ojos verdes me miraban con deseo.

Mi compañero aún duda de dos cosas: 1) del color de los ojos de Paolo y 2) de sus características matrimoniales, porque aún no puede precisar si llevaban aros combinados.

Referencias
Breve visita al restaurante Siglo XX, domingo 18 de agosto de 2005, 1:00 p.m.
Calvino, Italo. Seis propuestas para el próximo milenio (Exactitud).
Revista Pride, “Italy”, Summer 2005.
The M Word: Writers on Same-Sex Marriage. Varios autores, 2004.

2 pensamientos sobre “Italianos en el Siglo XX: Exactitud”

  1. Bueno, regreso al tercero de tus textos, Manuel, para decirte que me sucedió lo mismo que al amigo Othoniel: me compré finalmente el libro gracias a tu hábil insistencia en los enunciados. De los postulados de Calvino a los que haces referencia en honor de su Six Memos for the Next Millennium, deseo entrar un poco más de lleno (y bastante tarde) al de la levedad. Decía nuestra Mara en el post inicial de esta sextina desiderata, lo siguiente: “No sé si cuando Calvino enumera la premisa de la levedad lo hace refiriéndose al estilo de escritura. “Las ciudades invisibles” o “Si una noche de invierno un viajero”, por mencionar mis favoritos de Calvino, son todo excepto leves en estilo. Son complejisímos y el estilo narrativo bifurcado, pero quizá esa levedad es algo más allá, como decir escribir como amasar un pan, o como si el producto fuese un ejercicio asceta, como escribir a lo zen elevado sobre la silla sin tocarla, aunque el producto sea el escrito más barroco del Caribe después de “Paradiso”. Es probable que de eso se trate, y ese barroquismo y pesadez que entiendes posees y que prefieres pueda armonizarse con la levedad a la que Calvino nos invita. En mi caso yo tengo serias dudas si alguna vez podré lograrlo o si por mera inercia de los accidentes literarios se me revelará en algún momento dado. No lo sé. Hoy que leí la propuesta en su entereza, tengo un marco de referencia mayor. Habría que ver si soy tan valiente como tú de ponerlas en práctica en algún texto.

    Bueno, pues algo (poco) sabía de Italo y su sexteto de proposiciones, así que motivada por tu apostolado hacia la celebración de su muerte-no-en-vano, ya voy leyéndome el capitulo de la rapidez y espero que muy pronto el de la exactitud, que es el marco que utilizas en tu nuevo texto.

    Por cierto que Calvino precisamente murió un 19, como hoy. Vaya homenaje que le has hecho.

    A Mara (respondiendo su post de “Pasión en el Hermitage”): a los caraelechugas que se robaron los cuadros de Munich no los han encontrado todavía, pero como siempre, la policía dice que tiene pistas contundentes que les llevaran a solucionar el crimen. De hecho, se cree que los cuadros los quemaron, pero aún, más de un año después, no se sabe nada a ciencia cierta a pesar de que ha habido arrestos.

  2. muy exacto. tanto que me lo haces mucho más divertido que bello. ¿qué hiciste para suprimir tu proclividad al devaneo barroco y a la descripción oscura (es decir, a la inexactitud)? ¿Te estarás volviendo un virtuosista con estos cambios de estilo? me gusta
    un abrazo

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